domingo, 22 de febrero de 2026

Breviario sobre las propuestas de cognición 4E - Un comentario.

 Breviario sobre las propuestas de cognición 4E

José Manuel Villanueva Alvarado

 

Comentario: La reconciliación conductual.

Bryan Félix Aguirre Jaqui

 

Abstract

Se afirma que aproximaciones de cognición 4E (por sus significados en inglés, embodied, embedded, extended and enactive) han terminado por ser absorbidos e integrados a los modelos computacionales de la cognición, lo que consideramos un error y una sobresimplificación. Ergo, intentaremos exponer que la cognición 4E no es un modelo unitario y consolidado, sino la agrupación de diversas propuestas, con diversos grados de consensos y disensos acerca de la cognición.

1              Otras aproximaciones sobre la cognición

Recientemente encontramos una discusión sobre modelos teórico de la cognición alternos al modelo cognitivo clásico de procesamiento de información. En dicho intercambio, se afirmaba que la postura rival de cognición corporizada ya había sido absorbida e integrada por el mismo computacionalismo. Tras una revisión sobre las aproximaciones corporizadas y enactivas de la cognición, nos hicimos la siguiente pregunta:

¿Han sido los modelos de cognición 4E (corporizada, incorporada, extendida y enactiva) absorbidos e integrados dentro de los modelos computacionales?

Frente a ello, podemos responder de forma bastante directa:

No.

Tal empresa resultaría poco fructífera como realizable, dada la extensa pluralidad de propuestas que enmarcan dichas aproximaciones, así como los distintos grados de distanciamiento hacia los modelos del cognitivismo clásico. En todo caso, si se busca reconocer intentos de colaboración, sería necesario especificar a qué aproximación particular dentro de la cognición 4E se hace referencia y con cuál propuesta computacional se estaría integrando. Sin embargo, asumir que ello implica una absorción total por el computacionalismo resulta errado.

En la siguiente sección detallaremos algunas características de las aproximaciones de cognición 4E (en inglés, embodied, embedded, extended and enactive), siguiendo su clasificación como la agrupación de distintos programas de investigación científica. Nuestra breve revisión se basa en lo expuesto por Gallagher (2023) en su texto Embodied and Enactive Approaches to Cognition, por lo que no repetiremos sus referencias aquí.

2              Cognición 4E no son una propuesta unitaria

Caracterizar los programas de cognición 4E es una tarea compleja. Existe una variedad de aproximaciones agrupadas alrededor de los conceptos de corporeización y procesos cognitivos corporizados, sin que estos compartan la misma perspectiva o siquiera mantengan algún consenso sobre su terminología. Asimismo, dentro de las diversas aproximaciones en la cognición 4E, no todos los programas comparten una oposición o rechazo hacia el cognitivismo clásico. La cognición 4E contempla desde posturas conservadoras hasta radicales frente a modelos computacionales y representacionales. Siguiendo esta idea, procederemos a desglosar cada una de las “E” para exponer sus características.

Como primer punto de partida, entenderemos que la cognición corporizada (embodied) hace referencia a procesos neurales y extraneurales junto a ciertos tipos de acoplamiento con el entorno que juegan un rol importante en la cognición de determinado organismo. Dentro de ella se puede identificar tres propuestas.

La cognición corporizada débil brinda un rol explicativo a representaciones neurales internas con formato corporal (en inglés, body-formatted o B-formatted), siendo el cerebro el que procesa representaciones no proposicionales sobre estados subjetivos del cuerpo. Es considerada una propuesta corporizada “débil” debido a que abiertamente diferencia al cerebro del cuerpo y no considera relevante los procesos anatómicos, sensorimotores o acoplamientos ambientales para la cognición.

La cognición corporizada intermedia aboga que la estructura, composición y habilidades motoras del cuerpo determinan cómo experimentamos y entendemos el mundo. La experiencia corporizada genera metáforas conformadas por “esquemas de imágenes” que determinan los pensamientos conceptuales. Se ubica como postura intermedia al rescatar el rol del cuerpo, rechazar representaciones internas y admitir formas de simulación neural, siendo consistente con propuestas conexionistas.

Por último, la cognición corporizada fuerte enfatiza el rol de la estructura del cuerpo y procesos extraneurales (propioceptivos, afectivos, motores, interoceptivos, autonómicos, endocrinos, etc.) para explicar la cognición, previo y posterior de cualquier procesamiento cerebral. Resulta la propuesta corporizada más “fuerte” ya que explica la experiencia cognitiva como emergente de atributos físicos del cuerpo, reconociendo procesos biosistémicos centrales que no son considerados por modelos computacionales.

Continuamos ahora con la cognición incorporada (embedded). Esta sostiene que el ambiente estructura nuestros procesos cognitivos y que interacciones con características ambientales específicas permiten alterar la carga cognitiva de determinada actividad.

Los procesos cognitivos pueden ser restringidos o habilitados dependiendo de cómo un agente coordina su actividad en relación con recursos ambientales (incluyendo artefactos, instrumentos y tecnología). Un organismo mejora sus probabilidades de supervivencia y resuelve problemas biológicamente relevantes modificando su ambiente o transformando activamente su relación con este. Entonces, dicho agente se encuentra activa o pasivamente incorporado en el ambiente y puede realizar “acciones epistémicas” que activamente manipulan el ambiente para reducir su carga cognitiva. En este sentido, el ambiente mantiene un rol de facilitador o limitador.

El término de cognición incorporada también puede referir y/o agrupar a otras aproximaciones, entre ellas: cognición situada, cognición distribuida y cognición ecológica. En la cognición distribuida, se postula que los límites y mecanismos del sistema cognitivo están distribuidos entre: la coordinación de estructuras internas y externas, procesos a través del tiempo, y la coordinación de esfuerzos entre miembros de un grupo. Por otro lado, la aproximación ecológica se enfoca en cómo las acciones de un organismo son facilitadas o limitadas por estructuras ambientales.

Sobre la noción de cognición extendida (extended), se propone una división entre tres olas o periodos teóricos.

La primera ola corresponde a las propuestas de externalismo activo de Clark y Chalmers, donde los mecanismos físicos o "vehículos" que subyacen a la cognición incluyen estructuras neurales y factores extraneurales. La actividad del agente cognitivo juega un rol importante debido al llamado principio de paridad, este enfatiza que el cerebro depende de tipos específicos de acoplamiento con factores ambientales y de la capacidad del agente cognitivo de acoplar sistemáticamente una amplia variedad de elementos o artefactos. Asimismo, se proponen tres criterios de "adhesión y confianza" (glue-and-trust criteria) que deben cumplir los factores externos para ser considerados como parte del sistema cognitivo: confiabilidad, confianza y accesibilidad.

Entre las críticas recibidas contra esta primera propuesta, se distinguen tres objeciones: la objeción de sobrecarga cognitiva (el riesgo de extender excesivamente la noción de cognición hacia cualquier aparato tecnológico), la objeción de la marca de lo mental (solo procesos intrínsecos y de contenido intencional representacional pueden ser considerados cognitivos) y la falacia de acoplamiento causal-constitución (confundir causalidad con constitución). Para sortear estas críticas, se ha enfatizado que la cognición es la manipulación activa de un agente cuyo acoplamiento involucra relaciones causales recíprocas donde outputs son reciclados como inputs. También se adoptó una postura funcionalista de la cognición, donde un elemento es parte del sistema cognitivo en base a la función que cumple. Por otro lado, se señala que limitar la cognición a contenido representacional puede empobrecer severamente el concepto. Sobre el problema de causalidad-constitución, este no se aborda directamente ya que se parte desde un enfoque causal funcionalista.

La segunda ola surge del criticismo interno contra el principio de paridad. Autores de la segunda ola defienden un principio de complementariedad, alejándose de la paridad. En este caso, diferentes componentes del sistema juegan distintos roles funcionales con diferentes propiedades y se acoplan de forma colectiva y complementaria para contribuir a la cognición. Se enfatiza la integración de conexiones causales recíprocas activadas por manipulaciones corporales con el entorno. Estas manipulaciones abarcan las acciones epistémicas, acoplamientos biológicos (contingencias sensorimotoras), acciones de autocorrección (uso de lenguaje y herramientas para completar tareas), y prácticas cognitivas (manipulación de representaciones externas y sistemas notacionales según prácticas normativas). Estas últimas son integradas con actividades internas de nuestro cerebro y mediadas por el movimiento de nuestro cuerpo. La integración en este sentido, implica una interacción entorno-agente que genera cambios plásticos en nuestro cerebro a nivel evolutivo y del desarrollo, incluyendo una mente socialmente extendida en interacción con instituciones de gran escala.

La tercera ola mantiene un desarrollo más reciente, manteniendo una demarcación más difusa. Esta explora la compatibilidad entre la teoría de procesamiento predictivo (PP) y aproximaciones extendidas, propuestas por Clark. 

El procesamiento predictivo entiende la percepción como un proceso de inferencia, el cual es modelado en términos de minimización de error de predicción, siendo una propuesta muy influyente como aproximación unificadora en ciencias cognitivas. Dicho intento de unificación científica no implica que el computacionalismo haya absorbido a la cognición extendida. De hecho, rescatamos que la cognición extendida y corporizada puede incluir al procesamiento predictivo de forma congruente y sin violar sus supuestos. Cabe mencionar que dentro del mismo PP hay grados y versiones de cómo se entiende este proceso. Si bien hay propuestas internalistas y neurocéntricas, aquí se considera una versión totalmente corporizada y extendida del procesamiento predictivo.

Esta versión del procesamiento predictivo y la minimización del error de predicción enfatiza la inferencia activa en el sentido de una interacción corporizada que manipula el ambiente para reducir los errores de predicción. Entonces, la inferencia activa debe ser concebida involucrando al movimiento enactivo dinámico del agente en su entorno, acción que modula la estructura de su entorno material y social. Esta concepción permite la integración de aspectos complementarios de cerebro-cuerpo-entorno. Siendo un ciclo causal recíproco y continuo, donde predicciones generan acciones que moldean el flujo sensorial percibido que a su vez genera nuevas predicciones y continua el ciclo de predicción-estimulación sensorial-acción.

El procesamiento predictivo es consistente con un funcionalismo de nivel intermedio, conectando mecanismos neurales con comportamientos observables y apoya la cognición extendida al integrar procesos cerebrales, corporales y ambientales en un marco dinámico de predicción y acción. El sistema cognitivo estaría organizado por inferencias computacionales en el cerebro que modelan predicciones sobre el mundo y acciones corporizadas que manipulan el entorno para reducir los errores de predicción. Extendiendo los mecanismos de la cognición desde cerebros, cuerpos, el movimiento de órganos sensoriales y, bajo ciertas condiciones, artefactos y herramientas no biológicas (dependiendo de su función en el sistema).


Ejemplo de cognición incorporada y extendida. Una araña construye un señuelo que asemeja la forma de una araña mucho más grande (hecho de seda, restos de hojas u otros insectos). La telaraña sirve como una extensión de los sistemas sensoriales y cognitivos de la araña, delegando efectivamente parte de su procesamiento sensorial a la estructura incorporada en su entorno. Tanto la telaraña como el falso señuelo funcionan como estructuras externas que permiten a la araña delegar tareas cognitivas y extender efectivamente sus habilidades cognitivas al mundo físico.

Por último, la cognición enactiva asume que la acción del organismo moldea la cognición. Los procesos cognitivos no realizan un mapeo representacional ni requieren de modelos internos del mundo (IWMs, internal world models por sus siglas en inglés), sino que se realizaría en coordinación sensorimotora junto con aspectos afectivos y autonómicos de todo el cuerpo, enfatizando la naturaleza relacional y social de los sistemas cognitivos humanos. La cognición estaría distribuida a través de un sistema dinámico integrado entre el cerebro-cuerpo-entorno, donde aspectos biológicos del cuerpo tienen un efecto permeable en la cognición.

El enactivismo sensorimotor explica la percepción en base a posibilidades de acción ambientales y contingencias sensorimotoras, donde patrones de interacción cuerpo-entorno y un compromiso motor activo toman el lugar de representaciones internas vistas en el cognitivismo clásico. Los procesos de percepción activa dependen de una retroalimentación dinámica donde procesos sensoriales y motores se encuentran en una relación recíproca (ciclos dinámicos de percepción-acción-percepción que acoplan al perceptor con el entorno). El agente perceptor está implícitamente ajustado para este tipo de contingencia sistemática. La habilidad de ajustarse o realizar seguimiento de estas consecuencias sensoriales permite  distinguir de sus propios movimientos autogenerados. de movimientos que no son autogenerados.

El enactivismo autopoietico afirma que la cognición es una respuesta del organismo y de su forma de acoplarse adaptativamente con el entorno (totalmente corporizada). Es la organización corporal especifica junto con las estructuras y propiedades en el ambiente lo que definen la existencia del organismo. Por ello, la cognición de cuerpos humanos con un cerebro evolucionado y sistema nervioso complejo será diferente de la cognición en animales no humanos. Se enfatiza la relación intrínseca entre afectividad y cognición, que involucran múltiples interacciones simultáneas entre cerebro-cuerpo-mundo dinámicamente integrada a procesos sensoriomotores, procesos autopoieticos conectados al metabolismo y procesos homeostáticos.

Para el enactivismo, la cognición social e interacciones intersubjetivas son consideradas como procesos perceptuales y motores enteramente corporizados, incluyendo acoplamientos sensoriomotores en entornos pragmáticos y sociales altamente contextualizados. La cognición social resulta de características emergentes de procesos de interacción en las dinámicas colectivas (historia de coordinación, contribución a la formación de patrones comunicativos identificables, etc.). Mientras que la interacción intersubjetiva involucra creación de sentido participativo, a través de interacciones coordinadas en entornos con estructuras sociales establecidas. Esto permite explicar cómo entendemos a otros y nos relacionamos con ellos en un contexto compartido de articulación entre acción y atención.

Un último aspecto a considerar, es el problema de explicar la cognición compleja. La estrategia más común del enactivismo es entender la cognición compleja como un continuo con la cognición básica. Esto implica manipulaciones motoras, perceptuales, posibilidades de acción, representaciones externas y énfasis en el uso de herramientas y artefactos. Siendo un proceso basado en posibilidades de acción ejerciendo habilidades y regularidades sensorimotoras. Posturas más radicales del enactivismo argumentan que se debe reducir los procesos complejos a los más básicos, negando cualquier intento de explicaciones internalistas y representacionales.

En muchos sentidos, el enactivismo se opone al concepto de representación inter na, manteniendo diversos desacuerdos acerca de su posición frente a versiones tradicionales del representacionalismo y computacionalismo. Propuestas de cognición corporizada y extendida que integran representaciones en sus explicaciones resultan inaceptables para aproximaciones enactivas. Al caracterizar el problema considerando la relación cerebro-cuerpo-entorno y la naturaleza biológica y extendida del sistema cognitivo, se permite explicar la cognición en términos de ajuste y posibilidades de acción describibles como sistemas dinámicos.

Frente al problema de la representación, la propuesta enactiva del procesamiento predictivo permite establecer una alternativa prometedora: entendiendo la inferencia activa como una acción sintonizada, comprometida con el mundo incluyendo aspectos anticipatorios y correctivos. El cerebro sería una estación o un conjunto de circuitos complejos entre otras estaciones dentro del sistema que incluye el cuerpo y el entorno como un todo. Ajustes neurales suceden vía interacción constante y recíproca entre el cuerpo y el cerebro y nociones de ajuste y sintonización pueden ser integrados en términos de procesos físicos dinámicos que incluyen al sistema nervioso autonómico y periférico.

Reafirmamos la intrincada complejidad de las aproximaciones corporizadas, incorporadas, extendidas y enactivas, cuyo desarrollo y extensiones se rigen por distintos grados de integración a nivel de problemas ontológicos, teóricos, metodológicos o fenomenológicos. Resultaría ingenuo considerar que tal variedad ha terminado por ser absorbida e integrada por el computacionalismo o que siquiera se haya llegado a un consenso frente a la mayoría de sus postulados.

Las aproximaciones corporizadas y enactivasmantienen su independencia y se encuentra en una posición privilegiada de ofrecer explicaciones alternativas sobre la cognición.

 

Comentario: Conductismo y Cognitivismo, una reconciliación.

Bryan Félix Aguirre Jaqui

        Los conceptos mentales fueron entendidos como procesamientos que sucedían en la mente, cerebro o ambos, al producto de aquello se le ha denominado históricamente “representación mental”. De aquí que todos los fenómenos psicológicos que conocemos en las ciencias cognitivas ortodoxas entienden como atención, memoria, percepción, pensamiento, lenguaje, sensación, entre otros, como las categorías básicas de la Psicología científica y sus elaboraciones teóricas posteriores. Si bien se identifican aquí diversas perspectivas y autores, todos comparten esta noción general de la mente cartesiana en analogía como un computador avanzado.

    El ensayo expresa sucintamente las características de la postura representacional de la psicología cognitiva y que el enactivismo es una postura que no se integra a aquella, mas por el contrario, es una postura integradora de mayores elementos. Desde la década de los 90, con la proliferación de las tecnologías de neuroimagen, el avance de la neurofisiología y, principalmente, las críticas que se elaboraron al enfoque cognitivo ortodoxo, desarrollaron esta perspectiva sobre la cognición (y los procesos mentales clásicos) como un fenómeno que implica no secundariamente, sino en su propia definición, lo corporal (neural y no neural), la situacionalidad, lo ambiental, lo interactivo, etc. Mas o menos así: Se piensa con todo el cuerpo, se piensa con el ambiente, siempre se piensa interactuando con el ambiente, y acción con reacción es un proceso sincrónico. La cognición es pensamiento con emoción, con su comportamiento, con su cuerpo en general y sus sistemas; y todo esto en interrelación”. Se desarrollan así, en países latinoamericanos, europeos y de habla inglesa, las psicologías cognitivas corporizadas: un nuevo molde de hacer ciencia cognitiva que abre algunas formas nuevas (metodologías y fenómenos) de investigar. Empieza la era de la psicología cognitiva no mediacional (Almonacid, 2022).

 

        Resumiendo la psicología no mediacional enactiva, tenemos: la mente es extendida: el ambiente, como un cuaderno de apuntes, es también parte de la cognición); la mente es  corporizada: la cognición no son sólo mecanismos formales de información para que el sujeto se adapte a su mundo, pues en este se encuentran aún más situaciones cambiantes, imprevisibles, donde se despliega conducta espontánea que no obedece a ninguna regla explícita, por lo que sólo se aprende en cada acto o haciendo algo con el cuerpola mente es enacción (cognición=enacción)Enacción como poner en ejecución. La mente ya no es algo separado, interior y abstracto del organismo, ya no es representación sino es ejecución siempre activa del sujeto con todas sus estructuras. Los procesos mentales dejan de ser esos mecanismos cartesianos privilegiados, sino patrones de conducta de una corporalidad en contexto.

 

La psicología enactiva vino para quedarse. Consiste en diversos enfoques, desde distintas disciplinas de las ciencias y la filosofía (Varela, 1992, p.31). El siguiente gráfico muestra el gran número de literatura existente, de los cuales se hace absurda la crítica pasada y hasta actual de modelos conductuales, con el objetivo de buscar la hegemonía paradigmática en la ciencia psicológica.

    En otro ensayo (Aguirre, 2020) concluyo que en la situación sobre lo mental existen:

-       -   Varios conductismos ortodoxos (mediacionales) y sofisticados (no mediacionales) con perspectivas ontológicas diferentes, pero semejantes de lo mental, y estudiándolos mediantes unidades y metodologías de análisis diversos.

-        -  Varios cognitivismos ortodoxos y sofisticados con perspectivas semejantes de lo mental, y estudiándolos mediante unidades y metodologías de análisis diversos.

-         - Dentro de cada grupo de enfoques existen más semejanzas para la comunicación y crítica entre ellos (y por ende su identificación como un enfoque particular).

-         - Entre estos grupos de enfoques es más distante teóricamente la comunicación (aunque sí la crítica), sin embargo, es posible una comunicación parcial.

-         - Los enfoques sofisticados del Conductismo de a pocos han considerado el estudio de lo que acontece “en el sujeto”; y los cognitivismos sofisticados han considerado de a pocos “lo que acontece fuera de él”. Esta noción interactiva del comportamiento podría abrir mejores puentes de comunicación entre ambos grupos de enfoques.

       

         Actualmente, la psicología conductual y cognitiva son sofisticados y no mediacionales. La propuesta del psicólogo científico tanto de Francisco Varela como de J. R. Kantor la tenemos en los siguientes gráficos.

Figura: Psicología científica por Francisco Varela.



 Figura: Psicología científica según J. R. Kantor.



    En ambos gráficos tenemos varias similitudes:

a.       tendencia interactiva del comportamiento (todos los elementos interactúan)

b.       dirección bi-direccional (flechas entre sujeto cognoscente y objeto de estudio o estructura)

c.       poca prioridad de factores intra-organísmicos (la estructura que se estudia en un contexto es tan relevante como las cogniciones o experiencias del científico, en Varela).

d.       ausencia de “representacionalismo” mental

e.       existencia de un contexto biológico, social y cultural

f.        historicidad (estructura de la cognición del científico en Varela; biografía relacional con evolución estimular en Kantor),

        Hasta puede notarse una cercanía de la propuesta de Varela con la de Gilbert Ryle, al afirmar el primero lo siguiente:

El éxito de un movimiento dirigido como el de conducir un automóvil depende obviamente de habilidades motrices adquiridas y el uso continuo del sentido común, o un know-how acerca del trasfondo. Este conocimiento por sentido común es difícil, quizás imposible de empaquetar en un conocimiento explícito y proposicional – “conocimiento de qué”, en jerga filosófica-, pues se trata en gran medida de una “disposición” o “conocimiento práctico” basada en la acumulación de experiencia a partir de un gran número de casos (Varela, et al., 1992, p. 174-175).

 

Y con la misma lógica Ryle (1949) afirma: Cuando se predican de una persona epítetos tales como "astuto", "tonto", "prudente" o "imprudente", tal descripción no le atribuye conocimiento o ignorancia de alguna verdad sino la habilidad o inepcia para hacer cierto tipo de cosas (…) Hay ciertos paralelismos y divergencias entre saber hacer y saber qué... (Knowing How and Knowing That) Hablamos de aprender a tocar un instrumento y de aprender que algo es el caso; de averiguar cómo se podan los árboles y de averiguar que hubo un campamento romano en cierto lugar; de olvidarnos cómo se hace un nudo y de olvidarnos que, en alemán, cuchillo se dice messer. Podemos admirarnos como... tanto como admiramos que... Por otra parte, nunca decimos que alguien cree u opina como, y aunque es correcto preguntar por los fundamentos o razones que hacen que alguien acepte una proposición, tal cuestión no puede plantearse respecto de su habilidad para jugar a las cartas o su prudencia en invertir dinero (“El concepto de lo mental”, p. 26).

 

Podemos decir que el conductismo y Cognitivismo son dos disciplinas modernas, actuales, ambas no mediacionales que comparten semejanzas de familia (Witgenstein, 1999), por ende, son “primos lejanos”. Almonacid (2022) realiza un gráfico de autores sobre psicología no mediacional, colocando ahí a Varela, Maturana, Kantor, Ribes, Ryle, entre otros.

Gráfico: Psicologías no mediacionales (Almonacid, 2022).




    Por tanto, se puede concluir que:

1.       Actualmente, no existen diferencias epistemológicas relevantes entre el conductismo y el cognitivismo.

2.       El debate actual se refuerza como un mito que las universidades enfocadas en la tecnología del comportamiento, se encuentran con currículos desactualizadas y si profundidad teórica.

3.       La psicología es una ciencia con enfoques científicos que aporta el conocimiento básico, regular, abstracto y sintético sobre el comportamiento humano. Esta labor es titánica, pero existen pocos psicólogos y/o profesionales que investigan al respecto, generando saberes objetivos con prioridad de enfoques experimentales (científicos).

4.       La tecnología o ingenierìa del comportamiento es una labor (no necesariamente) posterior, con teorías y lógicas distintas, de la cual debe basarse conceptual y lógicamente en la ciencia. "Basarse".

5.       El ensayo como este comentario sí sintetiza lo dicho al respecto por ciertos autores, pero no agota la veracidad de nuestras conclusiones, pudiendo tener otras formas de ver este asunto.

  

Referencias

Almonacid, (2022). Las psicologías no mediacionales. Revista de Psicología Universidad de Antioquía. 14(2), 7-34. DOI: https://doi.org/10.17533/udea.rp.e350951

Gallagher, S. (2023). Embodied and Enactive Approaches to Cognition. Cambridge: University of Cambridge Press.

Kantor, J. y Smith, N. (1975). La ciencia de la Psicología: un estudio interconductual. University Press of South.

Ryle, G. (1949) El concepto de lo mental. Paidós.

Varela, Thompson y Rosch, De cuerpo presente. Las ciencias cognitivas y la experiencia humana, 1992, p. 174-175

Wittgenstein, L. (1999) Traducción de Alfonso García y Ulises Moulines. Investigaciones filosóficas. Altaya.

 

 

 

lunes, 9 de febrero de 2026

Hacia una filosofía de la conducta: una lectura antidualista del concepto de conducta privada en Skinner


"Rigbel Manzano Salas"

Miembro Liceo Contextual

En el presente trabajo me propongo realizar una defensa del conductismo radical  frente a las críticas, frecuentes en psicología, según las cuales los conceptos skinnerianos de conducta privada y conducta pública implicarían necesariamente una concepción dualista. Un texto que recoge este tipo de crítica es el de Roberto Bueno (2011), quien argumenta que el empleo del concepto de “eventos privados” remite a un dualismo. Sostendré que tal acusación se apoya en una lectura filosóficamente imprecisa de dichos conceptos y en una confusión entre distintos sentidos del término “dualismo”. De modo, que al mismo tiempo se pretende situar este trabajo en un marco coherente de lo que podemos llamar como una filosofía de la conducta.

Para clarificar la problemática, conviene distinguir al menos cuatro acepciones de dualismo: el dualismo de sustancias, el dualismo metodológico, el dualismo epistemológico y el dualismo conceptual. Esta distinción no pretende agotar las múltiples variantes del dualismo existentes en la tradición filosófica, ni constituir una clasificación formal, sino que responde a fines estrictamente prácticos.

 

De estas acepciones, el dualismo de sustancias es al que pertenece propiamente la  filosofía de René Descartes. En el sistema cartesiano, el dualismo forma parte constitutiva de una ontología metafísica de carácter teísta,  cuyo fundamento último es la idea de Dios como “substancia infinita”:

 

“Por «Dios» entiendo una substancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, que me ha creado a mí mismo y a todas las demás cosas que existen (si es que existe alguna)… Y, por consiguiente, hay que concluir necesariamente, según lo antedicho, que Dios existe.”(Descartes, 1977, p. 39).

 

Sobre este fundamento  se sostiene su dualismo ontológico de sustancias creadas: la res cogitans y la res extensa. La idea de Dios, aparece como la idea de una realidad absolutamente existente sin la cual no pueden concebirse adecuadamente las demás cosas, y  sin la cual no se puede comprender la existencia y distinción real entre las sustancias creadas:

 

“Cuando concebimos la substancia, solamente concebimos una cosa que existe en forma tal que no tiene necesidad sino de sí misma para existir… Es así, pues, propiamente hablando, sólo Dios es tal y no hay cosa alguna creada que pueda existir un solo instante sin ser mantenida y conservada por su poder” (Descartes, 2002, p. 52)

 

En  plano antropológico ambas sustancias aparecen unidas mediante la llamada “unión  sustancial”, instituida por Dios, de tal modo que alma y cuerpo constituyen un único compuesto en la experiencia humana, y no se dan separadas fuera de ese plano: “Hablo aquí sólo de las cosas que Dios me ha dado, en cuanto que estoy compuesto de espíritu y cuerpo” (Descartes, 1977, p. 67).  No obstante, en el plano metafísico, Descartes afirma pueden existir separadamente, en la medida en que son sustancias realmente distintas y cuya separación es ontológicamente posible por el concurso divino:

 

“…puesto que, por una parte, tengo una idea clara y distinta de mí mismo, en cuanto que yo soy sólo una cosa que piensa -y no extensa- , y, por otra parte, tengo una idea distinta del cuerpo, en cuanto -que él es sólo una cosa extensa -y no pensante-, es cierto entonces que, ese yo (es decir, mi alma, por la cual soy lo que soy), es enteramente distinto de mi cuerpo, y que puede existir sin él.” (Descartes, 1977, 66).

 

El sistema dualista filosófico de Descartes sostiene, por un lado, que alma y cuerpo se hallan estrechamente unidas, formando un solo compuesto, y no como un “fantasma en la máquina”, de modo que en el plano de la experiencia humana no se presentan como dos cosas separadas; y por otro lado, sostiene la distinción real entre alma y cuerpo en el plano metafísico, en virtud de la cual cada una puede existir separadamente por la omnipotencia divina

 

Aunque este tipo de dualismo ya no es aceptado en psicología, se ha sostenido que los conceptos de “conducta privada” y “conducta  pública” de Skinner  introducen, de forma encubierta, un  tipo de dualismo. Sin embargo, dicha distinción no implica un dualismo sustancial u ontológico. Sírvase aclarar que, por “conducta privada” se  entiende una subclase funcional descriptiva de la conducta, y no un agente  alojado en el interior del cuerpo. En  este sentido Skinener señala:

 

 “Existe una costumbre más generalizada todavía que consiste en explicar la conducta en términos de un agente interno sin dimensiones físicas, llamado “mental” o “psíquico”… En realidad, es poco más que un modesto refinamiento atribuir cada manifestación de la conducta del organismo físico a una manifestación correspondiente de la mente o a alguna “personalidad” interna”. (Skinner, 1971, p. 45)

 

La conducta privada, como se ha señalado, pertenece a la misma subclase funcional, en sentido descriptivo, que la conducta pública, sin que exista entre ellos una diferencia ontológica o sustancial. Aunque Skinner parece implicar un dualismo al introducir la diferencia entre lo privado y público o interno y externo, no está planteando dos realidades ontológicas distintas, ni un dualismo antropológico, puesto que el organismo no es concebido como compuesto de mente y cuerpo. Por el contrario, dicha  distinción establece una diferencia basada en las condiciones de accesibilidad a la conducta.

 

Podría objetarse, no obstante, que subsiste al menos un dualismo metodológico, en la medida en que podría sostenerse que los conceptos de conducta privada y conducta pública remiten a dos modos distintos de investigación. Para examinar esta posibilidad, resulta útil contrastar la posición de Skiner con la propuesta de Wilheml Dilthey .

 

Dilthey elabora una teoría del conocimiento fundada en la unidad de la vida, en el que distingue  dos modos de acceso a una misma realidad que fundamentan la constitución de dos tipos de objetos científicos: los hechos naturales y los hechos espirituales. En el hombre esta realidad aparece conformando una “unidad psicofísica de vida” que genera dos actitudes cognoscitivas irreductibles entre sí en el plano metodológico: la percatación de los hechos internos o espirituales, y la captación de los hechos  externos o naturales.   

 

“Y, ciertamente, el hombre como unidad de vida se presenta para nosotros, en virtud del doble punto de vista de nuestra consideración... como una trama de hechos espirituales hasta donde alcanza nuestra percatación interna, y como un todo corporal hasta donde alcanza la captación sensible… De aquí resultan necesariamente dos puntos de vista diferentes, que no se pueden cancelar recíprocamente en la consideración científica que pretenda abarcar los hechos espirituales y el mundo corporal en su nexo, de que es expresión la unidad psicofísica de la vida” (Diltehy, 1949, p. 22-23)

 

Con ello Dilthey está planteando, legítimamente, un dualismo metodológico, caracterizado por dos tipos de objetos de estudio constituidos por dos vías de acceso heterogéneas: la percatación o comprensión de las ciencias del espíritu,  y la captación o explicación causal de las ciencias de la naturaleza.  De tal manera que ambos accesos metodológicos son necesarios para  dar cuenta de dos modos distintos de acceso a una misma realidad, la unidad de vida, sin perder su legalidad y conservando su autonomía.

 

Entonces ¿puede sostenerse que el acceso a la conducta privada y pública implica un dualismo metodológico? Para Skinner la diferencia entre conducta privada y conducta pública no exige un tipo de investigación distinta. El mismo marco explicativo para el estudio de la conducta pública se aplica para el estudio de la conducta privada, la distinción no introduce dos objetos de estudio diferentes que requieren de metodologías heterogéneas, sino que establece un límite práctico de observación. No se sostiene, en este sentido, una diferencia metodológica, que es rechazada por el propio Skinner.

 

“Algunos de los científicos más distinguidos se han interesado por las amplias implicaciones de la ciencia con respecto a la estructura del universo. La imagen que se obtiene es casi siempre dualista. El científico admite modestamente que está describiendo solamente la mitad del universo y que existe otro mundo –el de la mente o la conciencia- para el cual se supone que es necesario otro tipo de investigación”. (Skinner,1971, p. 237)

El empleo del uso de los conceptos de conducta privada y pública no implican dualismo metodológico, más bien supondría un límite práctico de observación asimétrico, en el que un mismo evento es accesible de manera directa para un sujeto, pero indirecta para otro, sin que esto suponga leyes explicativas distintas, ni una psicología diferente.

“No necesitamos suponer que los hechos que acontecen dentro de un organismo poseen, por esta razón, propiedades especiales; un hecho interno se distingue porque su accesibilidad es limitada pero no, que nosotros sepamos, por una estructura o naturaleza especiales” (Skinner, 1971, p. 238)

En este sentido, cuando Skinner hace referencia a los eventos que ocurren “debajo de la piel” para distinguirlos de aquellos que se sitúan fuera del organismo, no introduce una dicotomía  metodológica. Por el contrario,  establece una frontera física (la piel) que delimita condiciones diferenciales de accesibilidad: inmediata para el propio individuo e indirecta para otros observadores.

En cuanto al dualismo epistemológico, Dilthey no solo propone dos modos de constitución cognoscitiva de la realidad: la percatación o comprensión de la vida psíquica, y la captación o explicación de los fenómenos naturales, sino que además postula que la percatación o vivencia es la fuente originaria del conocimiento en las ciencias del espíritu, es decir, que éstas no pueden fundarse epistemológicamente en los criterios de las ciencias naturales, sino en su propio modo de  conocer.

“El desarrollo de las ciencias del espíritu debe ir acompañado de su propia autognosis lógico-epistemológica, en otras palabras, debe ir acompañado de la conciencia filosófica de cómo de la “vivencia” de lo acontecido se levanta la conexión intuitivo conceptual del mundo histórico-social humano” (Dilthey, 1978, p. 26).

La constitución del objeto de las ciencias del espíritu es  epistemológicamente distinta al de las ciencias naturales, y por tanto dos formas de constitución del conocimiento, con estructuras y criterios diferentes.

Por el contrario, en Skiner no encontramos un dualismo epistemológico. El tipo de conocimiento de la conducta privada para Skinner, no es un tipo diferente de la conducta pública, ya que ambos pertenecen al mismo marco científico y se explican mediante la ciencia de la conducta. Postular dos tipos de conocimiento irreductibles conduciría a una psicología racional o filosófica que Skinner rechaza. Por ello, el tipo de conocimiento que puede derivar de la experiencia personal  de un individuo, no tienen un estatuto explicativo  cuando es descrito o reportado por el propio sujeto, que en ocasiones puede ser errado, sino que la explicación científica de dicha conducta corresponde al análisis de las mismas variables que determinan la conducta pública.

“Contrariamente a lo que se cree normalmente, el especial contacto entre individuo y los hechos que ocurren dentro de su propio cuerpo no le proporciona ninguna información “interna” acerca de las causas de su conducta... Podamos pensar antes de actuar, en el sentido de actuar de forma interna antes de hacerlo de forma manifiesta, pero nuestra acción no es una “expresión” de la respuesta interna ni la consecuencia de ella. Ambas son atribuibles a las mismas variables. (Skinner, 1971, p. 254)

Para Skinner la conducta privada no constituye un dominio de conocimiento especial, ni una realidad separada de las ciencias naturales. La conducta privada forma parte del objeto de estudio de la ciencia de la conducta y está sujeta a las mismas leyes que la conducta pública; la diferencia, como se ha dicho,  radica en su grado de observabilidad asimétrico para el análisis científico.

Otro tipo de dualismo que pudiera ser atribuido, de manera interpretativa,  a los términos  skinnerianos de conducta privada y conducta pública es el denominado dualismo conceptual. En efecto, podría sostenerse que ambos conceptos remiten a descripciones diferenciadas de la conducta y, por tanto, a modos distintos de conceptualización.

Para examinar esta posibilidad, tomaremos como referencia la propuesta de David Chalmers, defensor de un dualismo ontológico de propiedades. Para Chalmers (1996) la realidad está constituida por dos tipos de propiedades fundamentales: propiedades físicas y propiedades fenomenales. Cada una de estas propiedades requiere el uso de conceptos distintos para dar cuenta de ellas, sin que dichos conceptos puedan reducirse entre sí. En este sentido, los conceptos físicos por sí solos, son insuficientes para capturar los  conceptos de la experiencia consciente,  y estos no sobrevienen lógicamente de los primeros, por razones tanto epistemológicas como  conceptuales.

“Podemos reflexionar sobre lo que es concebible, para argumentar directamente a favor de la posibilidad lógica de una situación en la que los hechos físicos sean los mismos pero los hechos acerca de la experiencia sean distintos. Podemos apelar a la epistemología, sosteniendo que falta el tipo adecuado de vínculo entre el conocimiento de los hechos físicos y el conocimiento de la conciencia. Y podemos apelar directamente al concepto de conciencia, argumentando que no existe un análisis del concepto que pudiera fundamentar una entrañabilidad desde lo físico hacia lo fenomenal.” (Chalmers, 1996, p. 93).

Chalmers niega, por tanto, una explicación reductiva de la conciencia apelando no solo a una ruptura epistemológica, según la cual los métodos de conocimiento físico no permiten derivar el conocimiento de la experiencia consciente -accesible únicamente en primera persona-,  sino además una diferencia conceptual. Lo mental es conceptualizado  y analizado de un modo distinto a lo físico, de tal manera que no puede quedar determinado conceptualmente por los hechos físicos. La clave del dualismo conceptual de Chalmers reside precisamente en que los marcos conceptuales de lo físico y lo mental son distintos, y además mutuamente insuficientes para dar cuenta uno del otro.

Por el contrario, los conceptos skinnerianos de conducta privada y conducta pública no implican la postulación de propiedades diferentes ni de esquemas conceptuales irreductibles. La conducta privada no remite a una propiedad mental, ni la conducta pública a una propiedad física, en sentido ontológico; no son propiedades, si no que definen relaciones funcionales entre el organismo y su medio, constituyendo un único objeto de estudio, sujeto a las mismas leyes naturales que rigen el resto de los fenómenos del universo.

“Es más apropiado decir que la conducta es aquella parte del funcionamiento de un organismo que consiste en actuar o relacionarse con el mundo exterior. Las propiedades peculiares que hacen que la conducta sea un campo de estudio unitario y único derivan de esta definición” (Skinner, 1975, p. 20)

No hay en consecuencia, una ruptura epistemológica entre ambos tipos de conducta, sino una continuidad epistemológica caracterizada por una accesibilidad asimétrica no dualista. La frontera que separa los eventos que están dentro  de los que están fuera constituye, como se señaló, un límite físico, no ontológico, con el que el propio sujeto puede entrar en contacto, y cuya importancia es tan relevante como los estímulos exteriores que determinan la conducta, tanto pública como privada.

“Dentro de la piel de cada uno de nosotros está contenida una pequeña parte del universo… Lo sentimos y, en cierta forma, lo observamos, y parecería tonto descuidar esta forma de información sólo porque únicamente una persona pueda entrar en contacto con el propio mundo interno.” (Skinner, 1994, p. 23)

Es necesario señalar un aspecto fundamental relacionado con ciertas interpretaciones erróneas del pensamiento de Skinner, particularmente aquellas que le atribuyen el uso de conceptos de carácter dualista. Dichas interpretaciones suelen originarse en la lectura de algunos términos skinnerianos desde el lenguaje ordinario, descontextualizándolos de su sentido técnico y científico. En el lenguaje ordinario, el uso que se hace de los conceptos conducta privada y conducta pública, suelen interpretarse como designando dos tipos de realidades distintas, lo que conduce a una lectura dualista que es equivocada. El propio Skinner advirtió sobre las dificultades que genera el uso de un lenguaje históricamente cargado de connotaciones mentalistas, incluso en el contexto de la ciencia de la conducta:

“El conductista neófito se confunde algunas veces cuando se sorprende así mismo utilizando términos mentalistas, pero el castigo que le produce ese obstáculo solamente se justifica cuando los términos se utilizan en una distinción técnica. A menudo se ve forzado a andar con rodeos. Con dificultades se abandonan a las viejas maneras de hablar, y las nuevas maneras son incómodas y desagradables, pero el cambio tiene que hacerse” (Skinner, 1994, p. 21)

Desde esta perspectiva, las acusaciones de dualismo dirigidas al conductismo de Skinner se sostienen, en gran medida, en una confusión entre el uso técnico de los conceptos y las interpretaciones derivadas del lenguaje ordinario. Cuando se logre mejorar el acceso a las contingencias que forman parte del control de la conducta privada, reportada por el sujeto, se estará en una mejor posición de rebatir las confusiones o acusaciones de dualismo al uso de ciertos conceptos skinnerianos.

Para finalizar, es preciso subrayar que los conceptos skinnerianos de conducta privada y conducta pública, no implican ningún dualismo en ninguno de los sentidos filosóficamente aquí señalados. El dualismo en cualquiera de sus formulaciones, es incompatible con el sistema skinneriano, y desde éste posicionamiento no se admiten acusaciones de este tipo basadas en confusiones conceptuales.  Por el contrario, una lectura rigurosa de los supuestos filosóficos que sustentan el sistema skinneriano permite inscribirlo de manera coherente dentro de la tradición de un monismo naturalista, comprometido con la explicación científica de la conducta como fenómeno natural, continuo y susceptible de análisis en términos de relaciones funcionales entre organismos y ambiente.

Referencias

Bueno, R. (2011) Los eventos privados: del conductismo metodológico al interconductismo Universitas Psychologica, vol. 10, núm. 3, pp. 949-962.https://www.redalyc.org/pdf/647/64722377024

Descartes, R. (1977). Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas (Traducción de Vidal Peña). Editorial Alfaguara.

Descartes, R. (2002). Los principios de la filosofía (G. Quintas, Trad.). RBA Coleccionables.

Dilthey, W. (1949). Introducción a las ciencias del espíritu: En la que se trata de fundamentar el estudio de la sociedad y de la historia (E. Imaz, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

Dilthey, W. (1978). El mundo histórico. Obras VII.  (E. Imaz, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

Skinner, B. F. (1971). Ciencia y conducta humana: Una psicología científica (M. J. Gallofré, Trad.). Editorial Fontanella.

Skinner, B. F (1994). Sobre el conductismo. (Trad. esp.).  Editorial Palmneta-De Agostini.

Skinner (1975).  La conducta de los organismos: Un análisis experimental. (Flaquer i Vilardebó, Trad.) Editorial Fontanella. 

domingo, 12 de octubre de 2025

Importancia clínica y humana del Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C)

Autora:

Diana Yasmin Llamocca Ciriaco

Introducción:

La sociedad, conformada principalmente por familias que crían a niños y niñas desde sus primeros años, convive con una realidad cruda y silenciosa: la violencia y el sufrimiento están presentes con más frecuencia de la que se admite. ¿De qué manera ocurre esto? Pocas personas han transitado la vida sin experimentar alguna forma de transgresión, y mucho menos sin haber conocido el dolor. Si bien el sufrimiento puede interpretarse en ocasiones como parte de una experiencia subjetiva o incluso como una elección, la violencia ejercida durante la infancia, especialmente cuando es sistemática y prolongada, deja marcas profundas que no dependen de la voluntad. En estos contextos, hablar del Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C) no solo resulta clínicamente relevante, sino también éticamente necesario. Este ensayo aborda la importancia del TEPT-C tanto desde su impacto clínico como desde su dimensión humana, considerando sus efectos en el desarrollo emocional, psicológico y relacional del individuo.

Desarrollo:

De acuerdo con López-Soler (2008), al analizar los acontecimientos vitales vinculados al trauma, es necesario considerar factores como su duración, frecuencia, intensidad, cantidad y predictibilidad. Sin embargo, uno de los aspectos más relevantes es su origen, ya que estos eventos pueden ser de naturaleza humana o natural.

Es posible afirmar que los eventos naturales presentan una dificultad mayor de evitar, debido a que son impuestos por la fuerza misma de la naturaleza. En este contexto, el ser humano se enfrenta a fenómenos impredecibles y muchas veces incontrolables. Aunque pueden implementarse planes de contingencia o protocolos de emergencia, estos no garantizan la protección total frente a su impacto. La tierra no cesará sus movimientos ante una súplica, ni los ríos limitarán sus caudales por decisión humana. Tampoco el mar detendrá sus olas, ni el viento sus remolinos ante nuestra voluntad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2018) define un desastre como un evento imprevisto que implica un riesgo considerable e inmediato para la salud pública, o cualquier situación que comprometa la vida o el bienestar de un gran número de personas y que requiere una acción urgente.

Por otro lado, el trauma de origen humano no se encuentra determinado por las contingencias naturales, sino que implica, en muchos casos, una clara intencionalidad por parte del agresor. Esta característica lo hace especialmente complejo, sobre todo cuando existe un vínculo afectivo entre la víctima y el perpetrador. En este contexto, Sandín (2008) sostiene que los traumas causados de forma deliberada por otros seres humanos suelen generar consecuencias psicológicas más profundas y duraderas que aquellos provocados por desastres naturales o accidentes. Precisamente de allí emana su complejidad.

El simple hecho de que el daño haya sido intencional, y perpetrado por alguien de nuestra misma especie, ya resulta devastador. En estos casos, es común que la persona afectada experimente una serie de pensamientos autorreferenciales que refuerzan el sufrimiento: ¿Qué hice para merecer esto? ¿Por qué no pude evitarlo? ¿Por qué no huí cuando tuve la oportunidad? ¿Por qué lo permití? ¿Por qué yo? ¿Por qué nadie me ayudó? ¿Y si me juzgan o critican? ¿Por qué me siento tan rota/o? Estas interrogantes surgen desde emociones profundas como la culpa, la vergüenza, la desesperanza y una autovaloración negativa (Lecannelier et al., 2021), configurando así el núcleo emocional del trauma complejo.

Un ejemplo representativo del trauma complejo puede observarse en la película Precious, dirigida por Lee Daniels (2009), donde se retrata la vida de Claireece "Precious" Jones, una adolescente que experimenta constantes abusos físicos y psicológicos por parte de su madre, así como abuso sexual por parte de su padre, lo cual deriva en dos embarazos, la responsabilidad de criar a sus hijos y un diagnóstico de VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana). Estas vivencias traumáticas, repetidas y prolongadas en el tiempo, la llevan a desarrollar mecanismos de disociación como una forma de escape y supervivencia ante el sufrimiento.

Este tipo de trauma, sostenido desde la infancia, había deteriorado profundamente su autovaloración y la mantenía aferrada a una fantasía de una vida mejor, aunque inalcanzable. En consonancia con este fenómeno, Castro-Fernández et al. (2015) realizaron un estudio para analizar el vínculo entre trauma, disociación y síntomas psicóticos positivos. Los hallazgos revelaron que quienes presentaban alucinaciones y delirios habían atravesado un mayor número de experiencias traumáticas en la infancia, aunque no necesariamente en la adultez. Además, estas personas mostraban niveles significativamente más altos de disociación en comparación con quienes no presentaban dichos síntomas.

Desde esta perspectiva, resulta comprensible que Precious recurriera a la disociación como un recurso psicológico cada vez que era agredida por su padre o maltratada verbal y físicamente por su madre.

Lieberman y Van Horn (2008) plantean que las experiencias adversas en la primera infancia pueden afectar la construcción de un apego seguro con los cuidadores, lo que conlleva problemas en la regulación emocional, el comportamiento y el desarrollo integral. Por ello, subrayan la relevancia de promover el fortalecimiento del vínculo entre el niño y sus figuras principales de cuidado.

Por otra parte, es innegable que la Segunda Guerra Mundial estuvo marcada por eventos extremadamente violentos, entre ellos el Holocausto, uno de los más impactantes. Según la revista Amnistía Internacional (2025), las cámaras de gas y los hornos crematorios llegaron a asesinar hasta 5,000 personas por día. De acuerdo con la Claims Conference (2024), aún sobreviven aproximadamente 245,000 víctimas del Holocausto en más de 90 países, muchas de ellas con secuelas persistentes derivadas de lo vivido.

Tras el fin de la guerra y la liberación de los campos de concentración, muchas personas quedaron profundamente traumatizadas. No solo los prisioneros, sino también los soldados, arrastraron las huellas psíquicas de las atrocidades presenciadas. Hoy, aunque no se ha declarado una tercera guerra mundial, muchos niños viven lo que podría considerarse un “campo de concentración” dentro de sus propios hogares, atrapados en entornos de violencia doméstica. Esta comparación es estremecedora.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2024) advierte que cerca de seis de cada diez niños menores de cinco años —es decir, alrededor de 400 millones— sufren castigos físicos o violencia psicológica por parte de sus cuidadores. Además, se estima que una de cada cinco mujeres y uno de cada siete varones fueron víctimas de abuso sexual durante su infancia.

Diversas investigaciones contemporáneas destacan la importancia de intervenir considerando el impacto del trauma en la dinámica familiar, al mismo tiempo que señalan la necesidad de fortalecer en los adultos la capacidad de brindar a los niños un entorno seguro y estable (Lieberman et al., 2011).

En particular, Herman (2015) señala que el trauma complejo se manifiesta a través de alteraciones profundas en la gestión afectiva, así como en la conciencia, la percepción corporal, las relaciones interpersonales y la construcción del sentido de vida. En esa misma línea, la Clasificación Internacional de Enfermedades en su 11.ª edición (CIE-11, 2022) reconoce oficialmente el Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C) como un diagnóstico clínico. Esta condición se desarrolla como consecuencia de una exposición prolongada a situaciones extremadamente amenazantes o ineludibles, tales como el abuso infantil crónico o la violencia doméstica continua (OMS, 2022).

Conclusión:

En ese sentido, resulta fundamental reconocer la relevancia del Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C), ya que representa uno de los trastornos más significativos asociados al trauma prolongado y relacional. A pesar de su impacto en el desarrollo emocional, cognitivo y social de quienes lo padecen, este diagnóstico suele ser subestimado o incluso ignorado en diversos contextos de atención en salud mental (López-Soler, 2008; Lecannelier et al., 2021). Comprender en profundidad el trauma complejo no solo permite dimensionar las secuelas del abuso y la negligencia sostenida, sino que también plantea la urgencia de abordajes terapéuticos sensibles, integrales y sostenidos en el tiempo. Visibilizar las heridas invisibles que deja este tipo de trauma es abrir camino hacia la validación del sufrimiento y la posibilidad de una reconstrucción psíquica más compasiva y digna. La atención al TEPT-C implica, por tanto, una responsabilidad no solo profesional, sino profundamente humana.

 

Referencias:

1. Amnistía Internacional. (2025, 27 de enero). El Holocausto de Auschwitz: el predecesor de los derechos humanos. https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/el-horror-de-auschwitz-y-la-declaracion-universal-de-los-derechos-humanos/

2. Castro-Fernández, M. D. P., Perona-Garcelán, S., Senín-Calderón, C., & Rodríguez-Testal, J. F. (2015). Relación entre trauma, disociación y síntomas psicóticos positivos. Acción Psicológica, 12(2), 95–107. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=344043462007

3. Daniels, L. (Director). (2009). Precious: Based on the novel “Push” by Sapphire [Película]. Lionsgate.

4. Herman, J. (2015). Trauma and recovery: The aftermath of violence—from domestic abuse to political terror. Basic Books/Hachette Book Group.

5. Lecannelier, F., Guajardo, H., Kushner, D., Barrientos, C., & Monje, G. (2021). La complejidad del trauma complejo del desarrollo: Una propuesta del modelo de apego y complejidad (MAC). Revista de Psicoterapia, 32(120), 105–124. https://doi.org/10.33898/rdp.v32i120.463

6. Lieberman A., Chu, A., Van Horn, P., & Harris, W. (2011). Trauma in early childhood: Empirical evidence and clinical implications. Development & Psychopathology, 23(2), 397-410. https://doi.org/10.1017/S0954579411000137

7. Lieberman, A., & Van Horn, P. (2008). Psychotherapy with infants and young children: Repairing the effects of stress and trauma on early attachment. The Guilford Press.

8. López-Soler, C. (2008). Las reacciones postraumáticas en la infancia y adolescencia maltratada: El trauma complejo. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 13(3), 159–174. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2913101

9. Organización Mundial de la Salud. (2022). Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-11. https://icd.who.int/es

10. Organización Mundial de la Salud. (2024). Maltrato infantil. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/child-maltreatment

11. Organización Panamericana de la Salud. (1982). Control de vectores con posterioridad a los desastres naturales (Publicación Científica 419).

12. Organización Panamericana de la Salud. (2018). Control de vectores en situaciones de desastre. https://www.paho.org/es/emergencias-salud/control-vectores-situaciones-desastre

13. Sandín, B. (Ed.). (2008). El estrés psicosocial: Conceptos y consecuencias clínicas (2.ª ed.). Klinik.