Hacia una filosofía de la conducta: una lectura antidualista del concepto de conducta privada en Skinner
"Rigbel Manzano Salas"
Miembro Liceo Contextual
En el presente trabajo me propongo realizar una defensa del
conductismo radical frente a las
críticas, frecuentes en psicología, según las cuales los conceptos skinnerianos
de conducta privada y conducta pública implicarían necesariamente
una concepción dualista. Un texto que recoge este tipo de crítica es el de
Roberto Bueno (2011), quien argumenta que el empleo del concepto de “eventos
privados” remite a un dualismo.
Sostendré que tal acusación se apoya en una lectura
filosóficamente imprecisa de dichos conceptos y en una confusión entre
distintos sentidos del término “dualismo”. De modo, que al mismo tiempo se
pretende situar este trabajo en un marco coherente de lo que podemos llamar
como una filosofía de la conducta.
Para clarificar la problemática, conviene
distinguir al menos cuatro acepciones de dualismo: el dualismo de sustancias,
el dualismo metodológico, el dualismo epistemológico y el dualismo conceptual.
Esta distinción no pretende agotar las múltiples variantes del dualismo
existentes en la tradición filosófica, ni constituir una clasificación formal,
sino que responde a fines estrictamente prácticos.
De estas acepciones, el dualismo de
sustancias es al que pertenece propiamente la
filosofía de René Descartes. En el sistema cartesiano, el dualismo forma
parte constitutiva de una ontología metafísica de carácter teísta, cuyo fundamento último es la idea de Dios
como “substancia infinita”:
“Por
«Dios» entiendo una substancia infinita, eterna, inmutable, independiente,
omnisciente, omnipotente, que me ha creado a mí mismo y a todas las demás cosas
que existen (si es que existe alguna)… Y, por consiguiente, hay que concluir
necesariamente, según lo antedicho, que Dios existe.”(Descartes, 1977, p. 39).
Sobre este fundamento se sostiene su dualismo ontológico de
sustancias creadas: la res cogitans y la res extensa. La
idea de Dios, aparece como la idea de una realidad absolutamente existente sin
la cual no pueden concebirse adecuadamente las demás cosas, y sin la cual no se puede comprender la existencia
y distinción real entre las sustancias creadas:
“Cuando
concebimos la substancia, solamente concebimos una cosa que existe en forma tal
que no tiene necesidad sino de sí misma para existir… Es así, pues, propiamente
hablando, sólo Dios es tal y no hay cosa alguna creada que pueda existir un
solo instante sin ser mantenida y conservada por su poder” (Descartes, 2002, p.
52)
En
plano antropológico ambas sustancias aparecen unidas mediante la llamada
“unión sustancial”, instituida
por Dios, de tal modo que alma y cuerpo constituyen un único compuesto en la
experiencia humana, y no se dan separadas fuera de ese plano: “Hablo aquí sólo
de las cosas que Dios me ha dado, en cuanto que estoy compuesto de espíritu y
cuerpo” (Descartes, 1977, p. 67). No obstante,
en el plano metafísico, Descartes afirma pueden existir separadamente, en la
medida en que son sustancias realmente distintas y cuya separación es
ontológicamente posible por el concurso divino:
“…puesto
que, por una parte, tengo una idea clara y distinta de mí mismo, en cuanto que
yo soy sólo una cosa que piensa -y no extensa- , y, por otra parte, tengo una
idea distinta del cuerpo, en cuanto -que él es sólo una cosa extensa -y no
pensante-, es cierto entonces que, ese yo (es decir, mi alma, por la cual soy
lo que soy), es enteramente distinto de mi cuerpo, y que puede existir sin él.”
(Descartes, 1977, 66).
El sistema dualista filosófico de
Descartes sostiene, por un lado, que alma y cuerpo se hallan estrechamente
unidas, formando un solo compuesto, y no como un “fantasma en la máquina”, de
modo que en el plano de la experiencia humana no se presentan como dos cosas
separadas; y por otro lado, sostiene la distinción real entre alma y cuerpo en
el plano metafísico, en virtud de la cual cada una puede existir separadamente
por la omnipotencia divina
Aunque este tipo de dualismo ya no
es aceptado en psicología, se ha sostenido que los conceptos de “conducta
privada” y “conducta pública” de
Skinner introducen, de forma encubierta,
un tipo de dualismo. Sin embargo, dicha
distinción no implica un dualismo sustancial u ontológico. Sírvase aclarar que,
por “conducta privada” se entiende una
subclase funcional descriptiva de la conducta, y no un agente alojado en el interior del cuerpo. En este sentido Skinener señala:
“Existe una costumbre más generalizada todavía
que consiste en explicar la conducta en términos de un agente interno sin
dimensiones físicas, llamado “mental” o “psíquico”… En realidad, es poco más
que un modesto refinamiento atribuir cada manifestación de la conducta del
organismo físico a una manifestación correspondiente de la mente o a alguna
“personalidad” interna”. (Skinner,
1971, p. 45)
La conducta privada, como se ha
señalado, pertenece a la misma subclase funcional, en sentido descriptivo, que
la conducta pública, sin que exista entre ellos una diferencia ontológica o
sustancial. Aunque Skinner parece implicar un dualismo al introducir la
diferencia entre lo privado y público o interno y externo, no está planteando
dos realidades ontológicas distintas, ni un dualismo antropológico, puesto que
el organismo no es concebido como compuesto de mente y cuerpo. Por el
contrario, dicha distinción establece
una diferencia basada en las condiciones de accesibilidad a la conducta.
Podría objetarse, no obstante, que
subsiste al menos un dualismo metodológico, en la medida en que podría
sostenerse que los conceptos de conducta privada y conducta pública remiten a
dos modos distintos de investigación. Para examinar esta posibilidad, resulta
útil contrastar la posición de Skiner con la propuesta de Wilheml Dilthey .
Dilthey elabora una teoría del
conocimiento fundada en la unidad de la vida, en el que distingue dos modos de acceso a una misma realidad que
fundamentan la constitución de dos tipos de objetos científicos: los hechos
naturales y los hechos espirituales. En el hombre esta realidad
aparece conformando una “unidad psicofísica de vida” que genera dos
actitudes cognoscitivas irreductibles entre sí en el plano metodológico: la percatación
de los hechos internos o espirituales, y la captación de los hechos externos o naturales.
“Y, ciertamente, el hombre como
unidad de vida se presenta para nosotros, en virtud del doble punto de vista de
nuestra consideración... como una trama de hechos espirituales hasta donde
alcanza nuestra percatación interna, y como un todo corporal hasta donde
alcanza la captación sensible… De aquí resultan necesariamente dos puntos de
vista diferentes, que no se pueden cancelar recíprocamente en la consideración
científica que pretenda abarcar los hechos espirituales y el mundo corporal en
su nexo, de que es expresión la unidad psicofísica de la vida” (Diltehy, 1949, p.
22-23)
Con ello Dilthey está planteando,
legítimamente, un dualismo metodológico, caracterizado por dos tipos de objetos
de estudio constituidos por dos vías de acceso heterogéneas: la percatación o
comprensión de las ciencias del espíritu,
y la captación o explicación causal de las ciencias de la
naturaleza. De tal manera que ambos
accesos metodológicos son necesarios para
dar cuenta de dos modos distintos de acceso a una misma realidad, la
unidad de vida, sin perder su legalidad y conservando su autonomía.
Entonces ¿puede sostenerse que el
acceso a la conducta privada y pública implica un dualismo metodológico? Para
Skinner la diferencia entre conducta privada y conducta pública no exige un
tipo de investigación distinta. El mismo marco explicativo para el estudio de
la conducta pública se aplica para el estudio de la conducta privada, la
distinción no introduce dos objetos de estudio diferentes que requieren de
metodologías heterogéneas, sino que establece un límite práctico de
observación. No se sostiene, en este sentido, una diferencia metodológica, que
es rechazada por el propio Skinner.
“Algunos de los científicos más distinguidos se han interesado por
las amplias implicaciones de la ciencia con respecto a la estructura del
universo. La imagen que se obtiene es casi siempre dualista. El científico
admite modestamente que está describiendo solamente la mitad del universo y que
existe otro mundo –el de la mente o la conciencia- para el cual se supone que
es necesario otro tipo de investigación”. (Skinner,1971, p. 237)
El empleo del uso de los conceptos de conducta privada y pública no
implican dualismo metodológico, más bien supondría un límite práctico de
observación asimétrico, en el que un mismo evento es accesible de manera
directa para un sujeto, pero indirecta para otro, sin que esto suponga leyes
explicativas distintas, ni una psicología diferente.
“No necesitamos suponer que los hechos que acontecen dentro de un
organismo poseen, por esta razón, propiedades especiales; un hecho interno se distingue
porque su accesibilidad es limitada pero no, que nosotros sepamos, por una
estructura o naturaleza especiales” (Skinner, 1971, p. 238)
En este sentido, cuando Skinner hace referencia a los eventos que
ocurren “debajo de la piel” para distinguirlos de aquellos que se sitúan fuera
del organismo, no introduce una dicotomía
metodológica. Por el contrario,
establece una frontera física (la piel) que delimita condiciones diferenciales
de accesibilidad: inmediata para el propio individuo e indirecta para otros
observadores.
En cuanto al dualismo epistemológico, Dilthey no solo propone dos
modos de constitución cognoscitiva de la realidad: la percatación o comprensión
de la vida psíquica, y la captación o explicación de los fenómenos naturales,
sino que además postula que la percatación o vivencia es la fuente
originaria del conocimiento en las ciencias del espíritu, es decir, que éstas
no pueden fundarse epistemológicamente en los criterios de las ciencias
naturales, sino en su propio modo de
conocer.
“El desarrollo de las ciencias del espíritu debe ir acompañado de su
propia autognosis lógico-epistemológica, en otras palabras, debe ir acompañado
de la conciencia filosófica de cómo de la “vivencia” de lo acontecido se
levanta la conexión intuitivo conceptual del mundo histórico-social humano”
(Dilthey, 1978, p. 26).
La constitución
del objeto de las ciencias del espíritu es
epistemológicamente distinta al de las ciencias naturales, y por tanto
dos formas de constitución del conocimiento, con estructuras y criterios
diferentes.
Por el contrario, en Skiner no encontramos un dualismo
epistemológico. El tipo de conocimiento de la conducta privada para Skinner, no
es un tipo diferente de la conducta pública, ya que ambos pertenecen al mismo
marco científico y se explican mediante la ciencia de la conducta. Postular dos
tipos de conocimiento irreductibles conduciría a una psicología racional o
filosófica que Skinner rechaza. Por ello, el tipo de conocimiento que puede
derivar de la experiencia personal de un
individuo, no tienen un estatuto explicativo
cuando es descrito o reportado por el propio sujeto, que en ocasiones
puede ser errado, sino que la explicación científica de dicha conducta
corresponde al análisis de las mismas variables que determinan la conducta
pública.
“Contrariamente a lo que se cree normalmente, el especial
contacto entre individuo y los hechos que ocurren dentro de su propio cuerpo no
le proporciona ninguna información “interna” acerca de las causas de su
conducta... Podamos pensar antes de actuar, en el sentido de actuar de forma
interna antes de hacerlo de forma manifiesta, pero nuestra acción no es una
“expresión” de la respuesta interna ni la consecuencia de ella. Ambas son
atribuibles a las mismas variables. (Skinner, 1971, p. 254)
Para Skinner la conducta privada no constituye un dominio de
conocimiento especial, ni una realidad separada de las ciencias naturales. La
conducta privada forma parte del objeto de estudio de la ciencia de la conducta
y está sujeta a las mismas leyes que la conducta pública; la diferencia, como
se ha dicho, radica en su grado de
observabilidad asimétrico para el análisis científico.
Otro tipo de dualismo que pudiera ser atribuido, de manera
interpretativa, a los términos skinnerianos de conducta privada y conducta
pública es el denominado dualismo conceptual. En efecto, podría sostenerse que
ambos conceptos remiten a descripciones diferenciadas de la conducta y, por
tanto, a modos distintos de conceptualización.
Para examinar esta posibilidad, tomaremos como referencia la
propuesta de David Chalmers, defensor de un dualismo ontológico de propiedades.
Para Chalmers (1996) la realidad está constituida por dos tipos de propiedades
fundamentales: propiedades físicas y propiedades fenomenales. Cada una de estas
propiedades requiere el uso de conceptos distintos para dar cuenta de ellas,
sin que dichos conceptos puedan reducirse entre sí. En este sentido, los
conceptos físicos por sí solos, son insuficientes para capturar los conceptos de la experiencia consciente, y estos no sobrevienen lógicamente de los
primeros, por razones tanto epistemológicas como conceptuales.
“Podemos reflexionar sobre lo que es concebible, para argumentar
directamente a favor de la posibilidad lógica de una situación en la que los hechos
físicos sean los mismos pero los hechos acerca de la experiencia sean
distintos. Podemos apelar a la epistemología, sosteniendo que falta el tipo
adecuado de vínculo entre el conocimiento de los hechos físicos y el
conocimiento de la conciencia. Y podemos apelar directamente al concepto de
conciencia, argumentando que no existe un análisis del concepto que pudiera
fundamentar una entrañabilidad desde lo físico hacia lo fenomenal.” (Chalmers,
1996, p. 93).
Chalmers niega, por tanto, una explicación reductiva de la
conciencia apelando no solo a una ruptura epistemológica, según la cual los
métodos de conocimiento físico no permiten derivar el conocimiento de la
experiencia consciente -accesible únicamente en primera persona-, sino además una diferencia conceptual. Lo
mental es conceptualizado y analizado de
un modo distinto a lo físico, de tal manera que no puede quedar determinado
conceptualmente por los hechos físicos. La clave del dualismo conceptual de
Chalmers reside precisamente en que los marcos conceptuales de lo físico y lo
mental son distintos, y además mutuamente insuficientes para dar cuenta uno del
otro.
Por el contrario, los conceptos skinnerianos de conducta privada y
conducta pública no implican la postulación de propiedades diferentes ni de
esquemas conceptuales irreductibles. La conducta privada no remite a una
propiedad mental, ni la conducta pública a una propiedad física, en sentido
ontológico; no son propiedades, si no que definen relaciones funcionales entre
el organismo y su medio, constituyendo un único objeto de estudio, sujeto a las
mismas leyes naturales que rigen el resto de los fenómenos del universo.
“Es más apropiado decir que la conducta es aquella parte del
funcionamiento de un organismo que consiste en actuar o relacionarse con el
mundo exterior. Las propiedades peculiares que hacen que la conducta sea un
campo de estudio unitario y único derivan de esta definición” (Skinner, 1975,
p. 20)
No hay en consecuencia, una ruptura epistemológica entre ambos tipos
de conducta, sino una continuidad epistemológica caracterizada por una
accesibilidad asimétrica no dualista. La frontera que separa los eventos que
están dentro de los que están fuera
constituye, como se señaló, un límite físico, no ontológico, con el que el
propio sujeto puede entrar en contacto, y cuya importancia es tan relevante
como los estímulos exteriores que determinan la conducta, tanto pública como
privada.
“Dentro de la piel de cada uno de nosotros está contenida una
pequeña parte del universo… Lo sentimos y, en cierta forma, lo observamos, y
parecería tonto descuidar esta forma de información sólo porque únicamente una
persona pueda entrar en contacto con el propio mundo interno.” (Skinner, 1994,
p. 23)
Es necesario señalar un aspecto fundamental relacionado con ciertas
interpretaciones erróneas del pensamiento de Skinner, particularmente aquellas
que le atribuyen el uso de conceptos de carácter dualista. Dichas
interpretaciones suelen originarse en la lectura de algunos términos
skinnerianos desde el lenguaje ordinario, descontextualizándolos de su sentido
técnico y científico. En el lenguaje ordinario, el uso que se hace de los
conceptos conducta privada y conducta pública, suelen interpretarse como
designando dos tipos de realidades distintas, lo que conduce a una lectura
dualista que es equivocada. El propio Skinner advirtió sobre las dificultades
que genera el uso de un lenguaje históricamente cargado de connotaciones
mentalistas, incluso en el contexto de la ciencia de la conducta:
“El conductista neófito se confunde algunas veces cuando se
sorprende así mismo utilizando términos mentalistas, pero el castigo que le
produce ese obstáculo solamente se justifica cuando los términos se utilizan en
una distinción técnica. A menudo se ve forzado a andar con rodeos. Con
dificultades se abandonan a las viejas maneras de hablar, y las nuevas maneras
son incómodas y desagradables, pero el cambio tiene que hacerse” (Skinner,
1994, p. 21)
Desde esta perspectiva, las acusaciones de dualismo dirigidas al
conductismo de Skinner se sostienen, en gran medida, en una confusión entre el
uso técnico de los conceptos y las interpretaciones derivadas del lenguaje
ordinario. Cuando se logre mejorar el acceso a las contingencias que forman
parte del control de la conducta privada, reportada por el sujeto, se estará en
una mejor posición de rebatir las confusiones o acusaciones de dualismo al uso
de ciertos conceptos skinnerianos.
Para finalizar, es preciso
subrayar que los conceptos skinnerianos de conducta privada y conducta pública,
no implican ningún dualismo en ninguno de los sentidos filosóficamente aquí
señalados. El dualismo en cualquiera de sus formulaciones, es incompatible con
el sistema skinneriano, y desde éste posicionamiento no se admiten acusaciones
de este tipo basadas en confusiones conceptuales. Por el contrario, una lectura rigurosa de los
supuestos filosóficos que sustentan el sistema skinneriano permite inscribirlo
de manera coherente dentro de la tradición de un monismo naturalista,
comprometido con la explicación científica de la conducta como fenómeno
natural, continuo y susceptible de análisis en términos de relaciones
funcionales entre organismos y ambiente.
Referencias
Bueno, R. (2011) Los eventos privados: del conductismo metodológico
al interconductismo Universitas Psychologica, vol. 10, núm. 3, pp.
949-962.https://www.redalyc.org/pdf/647/64722377024
Descartes, R. (1977). Meditaciones metafísicas con objeciones y
respuestas (Traducción de Vidal Peña). Editorial Alfaguara.
Descartes, R. (2002). Los principios de la filosofía (G.
Quintas, Trad.). RBA Coleccionables.
Dilthey, W. (1949). Introducción a las ciencias del espíritu: En
la que se trata de fundamentar el estudio de la sociedad y de la historia
(E. Imaz, Trad.). Fondo de Cultura Económica.
Dilthey, W. (1978). El mundo histórico. Obras VII. (E. Imaz, Trad.). Fondo de Cultura Económica.
Skinner, B. F. (1971). Ciencia y conducta humana: Una psicología
científica (M. J. Gallofré, Trad.). Editorial Fontanella.
Skinner, B. F (1994). Sobre el conductismo. (Trad.
esp.). Editorial Palmneta-De Agostini.
Skinner (1975). La conducta de los organismos: Un análisis experimental. (Flaquer i Vilardebó, Trad.) Editorial Fontanella.

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