lunes, 9 de febrero de 2026

Hacia una filosofía de la conducta: una lectura antidualista del concepto de conducta privada en Skinner


"Rigbel Manzano Salas"

Miembro Liceo Contextual

En el presente trabajo me propongo realizar una defensa del conductismo radical  frente a las críticas, frecuentes en psicología, según las cuales los conceptos skinnerianos de conducta privada y conducta pública implicarían necesariamente una concepción dualista. Un texto que recoge este tipo de crítica es el de Roberto Bueno (2011), quien argumenta que el empleo del concepto de “eventos privados” remite a un dualismo. Sostendré que tal acusación se apoya en una lectura filosóficamente imprecisa de dichos conceptos y en una confusión entre distintos sentidos del término “dualismo”. De modo, que al mismo tiempo se pretende situar este trabajo en un marco coherente de lo que podemos llamar como una filosofía de la conducta.

Para clarificar la problemática, conviene distinguir al menos cuatro acepciones de dualismo: el dualismo de sustancias, el dualismo metodológico, el dualismo epistemológico y el dualismo conceptual. Esta distinción no pretende agotar las múltiples variantes del dualismo existentes en la tradición filosófica, ni constituir una clasificación formal, sino que responde a fines estrictamente prácticos.

 

De estas acepciones, el dualismo de sustancias es al que pertenece propiamente la  filosofía de René Descartes. En el sistema cartesiano, el dualismo forma parte constitutiva de una ontología metafísica de carácter teísta,  cuyo fundamento último es la idea de Dios como “substancia infinita”:

 

“Por «Dios» entiendo una substancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, que me ha creado a mí mismo y a todas las demás cosas que existen (si es que existe alguna)… Y, por consiguiente, hay que concluir necesariamente, según lo antedicho, que Dios existe.”(Descartes, 1977, p. 39).

 

Sobre este fundamento  se sostiene su dualismo ontológico de sustancias creadas: la res cogitans y la res extensa. La idea de Dios, aparece como la idea de una realidad absolutamente existente sin la cual no pueden concebirse adecuadamente las demás cosas, y  sin la cual no se puede comprender la existencia y distinción real entre las sustancias creadas:

 

“Cuando concebimos la substancia, solamente concebimos una cosa que existe en forma tal que no tiene necesidad sino de sí misma para existir… Es así, pues, propiamente hablando, sólo Dios es tal y no hay cosa alguna creada que pueda existir un solo instante sin ser mantenida y conservada por su poder” (Descartes, 2002, p. 52)

 

En  plano antropológico ambas sustancias aparecen unidas mediante la llamada “unión  sustancial”, instituida por Dios, de tal modo que alma y cuerpo constituyen un único compuesto en la experiencia humana, y no se dan separadas fuera de ese plano: “Hablo aquí sólo de las cosas que Dios me ha dado, en cuanto que estoy compuesto de espíritu y cuerpo” (Descartes, 1977, p. 67).  No obstante, en el plano metafísico, Descartes afirma pueden existir separadamente, en la medida en que son sustancias realmente distintas y cuya separación es ontológicamente posible por el concurso divino:

 

“…puesto que, por una parte, tengo una idea clara y distinta de mí mismo, en cuanto que yo soy sólo una cosa que piensa -y no extensa- , y, por otra parte, tengo una idea distinta del cuerpo, en cuanto -que él es sólo una cosa extensa -y no pensante-, es cierto entonces que, ese yo (es decir, mi alma, por la cual soy lo que soy), es enteramente distinto de mi cuerpo, y que puede existir sin él.” (Descartes, 1977, 66).

 

El sistema dualista filosófico de Descartes sostiene, por un lado, que alma y cuerpo se hallan estrechamente unidas, formando un solo compuesto, y no como un “fantasma en la máquina”, de modo que en el plano de la experiencia humana no se presentan como dos cosas separadas; y por otro lado, sostiene la distinción real entre alma y cuerpo en el plano metafísico, en virtud de la cual cada una puede existir separadamente por la omnipotencia divina

 

Aunque este tipo de dualismo ya no es aceptado en psicología, se ha sostenido que los conceptos de “conducta privada” y “conducta  pública” de Skinner  introducen, de forma encubierta, un  tipo de dualismo. Sin embargo, dicha distinción no implica un dualismo sustancial u ontológico. Sírvase aclarar que, por “conducta privada” se  entiende una subclase funcional descriptiva de la conducta, y no un agente  alojado en el interior del cuerpo. En  este sentido Skinener señala:

 

 “Existe una costumbre más generalizada todavía que consiste en explicar la conducta en términos de un agente interno sin dimensiones físicas, llamado “mental” o “psíquico”… En realidad, es poco más que un modesto refinamiento atribuir cada manifestación de la conducta del organismo físico a una manifestación correspondiente de la mente o a alguna “personalidad” interna”. (Skinner, 1971, p. 45)

 

La conducta privada, como se ha señalado, pertenece a la misma subclase funcional, en sentido descriptivo, que la conducta pública, sin que exista entre ellos una diferencia ontológica o sustancial. Aunque Skinner parece implicar un dualismo al introducir la diferencia entre lo privado y público o interno y externo, no está planteando dos realidades ontológicas distintas, ni un dualismo antropológico, puesto que el organismo no es concebido como compuesto de mente y cuerpo. Por el contrario, dicha  distinción establece una diferencia basada en las condiciones de accesibilidad a la conducta.

 

Podría objetarse, no obstante, que subsiste al menos un dualismo metodológico, en la medida en que podría sostenerse que los conceptos de conducta privada y conducta pública remiten a dos modos distintos de investigación. Para examinar esta posibilidad, resulta útil contrastar la posición de Skiner con la propuesta de Wilheml Dilthey .

 

Dilthey elabora una teoría del conocimiento fundada en la unidad de la vida, en el que distingue  dos modos de acceso a una misma realidad que fundamentan la constitución de dos tipos de objetos científicos: los hechos naturales y los hechos espirituales. En el hombre esta realidad aparece conformando una “unidad psicofísica de vida” que genera dos actitudes cognoscitivas irreductibles entre sí en el plano metodológico: la percatación de los hechos internos o espirituales, y la captación de los hechos  externos o naturales.   

 

“Y, ciertamente, el hombre como unidad de vida se presenta para nosotros, en virtud del doble punto de vista de nuestra consideración... como una trama de hechos espirituales hasta donde alcanza nuestra percatación interna, y como un todo corporal hasta donde alcanza la captación sensible… De aquí resultan necesariamente dos puntos de vista diferentes, que no se pueden cancelar recíprocamente en la consideración científica que pretenda abarcar los hechos espirituales y el mundo corporal en su nexo, de que es expresión la unidad psicofísica de la vida” (Diltehy, 1949, p. 22-23)

 

Con ello Dilthey está planteando, legítimamente, un dualismo metodológico, caracterizado por dos tipos de objetos de estudio constituidos por dos vías de acceso heterogéneas: la percatación o comprensión de las ciencias del espíritu,  y la captación o explicación causal de las ciencias de la naturaleza.  De tal manera que ambos accesos metodológicos son necesarios para  dar cuenta de dos modos distintos de acceso a una misma realidad, la unidad de vida, sin perder su legalidad y conservando su autonomía.

 

Entonces ¿puede sostenerse que el acceso a la conducta privada y pública implica un dualismo metodológico? Para Skinner la diferencia entre conducta privada y conducta pública no exige un tipo de investigación distinta. El mismo marco explicativo para el estudio de la conducta pública se aplica para el estudio de la conducta privada, la distinción no introduce dos objetos de estudio diferentes que requieren de metodologías heterogéneas, sino que establece un límite práctico de observación. No se sostiene, en este sentido, una diferencia metodológica, que es rechazada por el propio Skinner.

 

“Algunos de los científicos más distinguidos se han interesado por las amplias implicaciones de la ciencia con respecto a la estructura del universo. La imagen que se obtiene es casi siempre dualista. El científico admite modestamente que está describiendo solamente la mitad del universo y que existe otro mundo –el de la mente o la conciencia- para el cual se supone que es necesario otro tipo de investigación”. (Skinner,1971, p. 237)

El empleo del uso de los conceptos de conducta privada y pública no implican dualismo metodológico, más bien supondría un límite práctico de observación asimétrico, en el que un mismo evento es accesible de manera directa para un sujeto, pero indirecta para otro, sin que esto suponga leyes explicativas distintas, ni una psicología diferente.

“No necesitamos suponer que los hechos que acontecen dentro de un organismo poseen, por esta razón, propiedades especiales; un hecho interno se distingue porque su accesibilidad es limitada pero no, que nosotros sepamos, por una estructura o naturaleza especiales” (Skinner, 1971, p. 238)

En este sentido, cuando Skinner hace referencia a los eventos que ocurren “debajo de la piel” para distinguirlos de aquellos que se sitúan fuera del organismo, no introduce una dicotomía  metodológica. Por el contrario,  establece una frontera física (la piel) que delimita condiciones diferenciales de accesibilidad: inmediata para el propio individuo e indirecta para otros observadores.

En cuanto al dualismo epistemológico, Dilthey no solo propone dos modos de constitución cognoscitiva de la realidad: la percatación o comprensión de la vida psíquica, y la captación o explicación de los fenómenos naturales, sino que además postula que la percatación o vivencia es la fuente originaria del conocimiento en las ciencias del espíritu, es decir, que éstas no pueden fundarse epistemológicamente en los criterios de las ciencias naturales, sino en su propio modo de  conocer.

“El desarrollo de las ciencias del espíritu debe ir acompañado de su propia autognosis lógico-epistemológica, en otras palabras, debe ir acompañado de la conciencia filosófica de cómo de la “vivencia” de lo acontecido se levanta la conexión intuitivo conceptual del mundo histórico-social humano” (Dilthey, 1978, p. 26).

La constitución del objeto de las ciencias del espíritu es  epistemológicamente distinta al de las ciencias naturales, y por tanto dos formas de constitución del conocimiento, con estructuras y criterios diferentes.

Por el contrario, en Skiner no encontramos un dualismo epistemológico. El tipo de conocimiento de la conducta privada para Skinner, no es un tipo diferente de la conducta pública, ya que ambos pertenecen al mismo marco científico y se explican mediante la ciencia de la conducta. Postular dos tipos de conocimiento irreductibles conduciría a una psicología racional o filosófica que Skinner rechaza. Por ello, el tipo de conocimiento que puede derivar de la experiencia personal  de un individuo, no tienen un estatuto explicativo  cuando es descrito o reportado por el propio sujeto, que en ocasiones puede ser errado, sino que la explicación científica de dicha conducta corresponde al análisis de las mismas variables que determinan la conducta pública.

“Contrariamente a lo que se cree normalmente, el especial contacto entre individuo y los hechos que ocurren dentro de su propio cuerpo no le proporciona ninguna información “interna” acerca de las causas de su conducta... Podamos pensar antes de actuar, en el sentido de actuar de forma interna antes de hacerlo de forma manifiesta, pero nuestra acción no es una “expresión” de la respuesta interna ni la consecuencia de ella. Ambas son atribuibles a las mismas variables. (Skinner, 1971, p. 254)

Para Skinner la conducta privada no constituye un dominio de conocimiento especial, ni una realidad separada de las ciencias naturales. La conducta privada forma parte del objeto de estudio de la ciencia de la conducta y está sujeta a las mismas leyes que la conducta pública; la diferencia, como se ha dicho,  radica en su grado de observabilidad asimétrico para el análisis científico.

Otro tipo de dualismo que pudiera ser atribuido, de manera interpretativa,  a los términos  skinnerianos de conducta privada y conducta pública es el denominado dualismo conceptual. En efecto, podría sostenerse que ambos conceptos remiten a descripciones diferenciadas de la conducta y, por tanto, a modos distintos de conceptualización.

Para examinar esta posibilidad, tomaremos como referencia la propuesta de David Chalmers, defensor de un dualismo ontológico de propiedades. Para Chalmers (1996) la realidad está constituida por dos tipos de propiedades fundamentales: propiedades físicas y propiedades fenomenales. Cada una de estas propiedades requiere el uso de conceptos distintos para dar cuenta de ellas, sin que dichos conceptos puedan reducirse entre sí. En este sentido, los conceptos físicos por sí solos, son insuficientes para capturar los  conceptos de la experiencia consciente,  y estos no sobrevienen lógicamente de los primeros, por razones tanto epistemológicas como  conceptuales.

“Podemos reflexionar sobre lo que es concebible, para argumentar directamente a favor de la posibilidad lógica de una situación en la que los hechos físicos sean los mismos pero los hechos acerca de la experiencia sean distintos. Podemos apelar a la epistemología, sosteniendo que falta el tipo adecuado de vínculo entre el conocimiento de los hechos físicos y el conocimiento de la conciencia. Y podemos apelar directamente al concepto de conciencia, argumentando que no existe un análisis del concepto que pudiera fundamentar una entrañabilidad desde lo físico hacia lo fenomenal.” (Chalmers, 1996, p. 93).

Chalmers niega, por tanto, una explicación reductiva de la conciencia apelando no solo a una ruptura epistemológica, según la cual los métodos de conocimiento físico no permiten derivar el conocimiento de la experiencia consciente -accesible únicamente en primera persona-,  sino además una diferencia conceptual. Lo mental es conceptualizado  y analizado de un modo distinto a lo físico, de tal manera que no puede quedar determinado conceptualmente por los hechos físicos. La clave del dualismo conceptual de Chalmers reside precisamente en que los marcos conceptuales de lo físico y lo mental son distintos, y además mutuamente insuficientes para dar cuenta uno del otro.

Por el contrario, los conceptos skinnerianos de conducta privada y conducta pública no implican la postulación de propiedades diferentes ni de esquemas conceptuales irreductibles. La conducta privada no remite a una propiedad mental, ni la conducta pública a una propiedad física, en sentido ontológico; no son propiedades, si no que definen relaciones funcionales entre el organismo y su medio, constituyendo un único objeto de estudio, sujeto a las mismas leyes naturales que rigen el resto de los fenómenos del universo.

“Es más apropiado decir que la conducta es aquella parte del funcionamiento de un organismo que consiste en actuar o relacionarse con el mundo exterior. Las propiedades peculiares que hacen que la conducta sea un campo de estudio unitario y único derivan de esta definición” (Skinner, 1975, p. 20)

No hay en consecuencia, una ruptura epistemológica entre ambos tipos de conducta, sino una continuidad epistemológica caracterizada por una accesibilidad asimétrica no dualista. La frontera que separa los eventos que están dentro  de los que están fuera constituye, como se señaló, un límite físico, no ontológico, con el que el propio sujeto puede entrar en contacto, y cuya importancia es tan relevante como los estímulos exteriores que determinan la conducta, tanto pública como privada.

“Dentro de la piel de cada uno de nosotros está contenida una pequeña parte del universo… Lo sentimos y, en cierta forma, lo observamos, y parecería tonto descuidar esta forma de información sólo porque únicamente una persona pueda entrar en contacto con el propio mundo interno.” (Skinner, 1994, p. 23)

Es necesario señalar un aspecto fundamental relacionado con ciertas interpretaciones erróneas del pensamiento de Skinner, particularmente aquellas que le atribuyen el uso de conceptos de carácter dualista. Dichas interpretaciones suelen originarse en la lectura de algunos términos skinnerianos desde el lenguaje ordinario, descontextualizándolos de su sentido técnico y científico. En el lenguaje ordinario, el uso que se hace de los conceptos conducta privada y conducta pública, suelen interpretarse como designando dos tipos de realidades distintas, lo que conduce a una lectura dualista que es equivocada. El propio Skinner advirtió sobre las dificultades que genera el uso de un lenguaje históricamente cargado de connotaciones mentalistas, incluso en el contexto de la ciencia de la conducta:

“El conductista neófito se confunde algunas veces cuando se sorprende así mismo utilizando términos mentalistas, pero el castigo que le produce ese obstáculo solamente se justifica cuando los términos se utilizan en una distinción técnica. A menudo se ve forzado a andar con rodeos. Con dificultades se abandonan a las viejas maneras de hablar, y las nuevas maneras son incómodas y desagradables, pero el cambio tiene que hacerse” (Skinner, 1994, p. 21)

Desde esta perspectiva, las acusaciones de dualismo dirigidas al conductismo de Skinner se sostienen, en gran medida, en una confusión entre el uso técnico de los conceptos y las interpretaciones derivadas del lenguaje ordinario. Cuando se logre mejorar el acceso a las contingencias que forman parte del control de la conducta privada, reportada por el sujeto, se estará en una mejor posición de rebatir las confusiones o acusaciones de dualismo al uso de ciertos conceptos skinnerianos.

Para finalizar, es preciso subrayar que los conceptos skinnerianos de conducta privada y conducta pública, no implican ningún dualismo en ninguno de los sentidos filosóficamente aquí señalados. El dualismo en cualquiera de sus formulaciones, es incompatible con el sistema skinneriano, y desde éste posicionamiento no se admiten acusaciones de este tipo basadas en confusiones conceptuales.  Por el contrario, una lectura rigurosa de los supuestos filosóficos que sustentan el sistema skinneriano permite inscribirlo de manera coherente dentro de la tradición de un monismo naturalista, comprometido con la explicación científica de la conducta como fenómeno natural, continuo y susceptible de análisis en términos de relaciones funcionales entre organismos y ambiente.

Referencias

Bueno, R. (2011) Los eventos privados: del conductismo metodológico al interconductismo Universitas Psychologica, vol. 10, núm. 3, pp. 949-962.https://www.redalyc.org/pdf/647/64722377024

Descartes, R. (1977). Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas (Traducción de Vidal Peña). Editorial Alfaguara.

Descartes, R. (2002). Los principios de la filosofía (G. Quintas, Trad.). RBA Coleccionables.

Dilthey, W. (1949). Introducción a las ciencias del espíritu: En la que se trata de fundamentar el estudio de la sociedad y de la historia (E. Imaz, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

Dilthey, W. (1978). El mundo histórico. Obras VII.  (E. Imaz, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

Skinner, B. F. (1971). Ciencia y conducta humana: Una psicología científica (M. J. Gallofré, Trad.). Editorial Fontanella.

Skinner, B. F (1994). Sobre el conductismo. (Trad. esp.).  Editorial Palmneta-De Agostini.

Skinner (1975).  La conducta de los organismos: Un análisis experimental. (Flaquer i Vilardebó, Trad.) Editorial Fontanella. 

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