domingo, 12 de octubre de 2025

Importancia clínica y humana del Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C)

Autora:

Diana Yasmin Llamocca Ciriaco

Introducción:

La sociedad, conformada principalmente por familias que crían a niños y niñas desde sus primeros años, convive con una realidad cruda y silenciosa: la violencia y el sufrimiento están presentes con más frecuencia de la que se admite. ¿De qué manera ocurre esto? Pocas personas han transitado la vida sin experimentar alguna forma de transgresión, y mucho menos sin haber conocido el dolor. Si bien el sufrimiento puede interpretarse en ocasiones como parte de una experiencia subjetiva o incluso como una elección, la violencia ejercida durante la infancia, especialmente cuando es sistemática y prolongada, deja marcas profundas que no dependen de la voluntad. En estos contextos, hablar del Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C) no solo resulta clínicamente relevante, sino también éticamente necesario. Este ensayo aborda la importancia del TEPT-C tanto desde su impacto clínico como desde su dimensión humana, considerando sus efectos en el desarrollo emocional, psicológico y relacional del individuo.

Desarrollo:

De acuerdo con López-Soler (2008), al analizar los acontecimientos vitales vinculados al trauma, es necesario considerar factores como su duración, frecuencia, intensidad, cantidad y predictibilidad. Sin embargo, uno de los aspectos más relevantes es su origen, ya que estos eventos pueden ser de naturaleza humana o natural.

Es posible afirmar que los eventos naturales presentan una dificultad mayor de evitar, debido a que son impuestos por la fuerza misma de la naturaleza. En este contexto, el ser humano se enfrenta a fenómenos impredecibles y muchas veces incontrolables. Aunque pueden implementarse planes de contingencia o protocolos de emergencia, estos no garantizan la protección total frente a su impacto. La tierra no cesará sus movimientos ante una súplica, ni los ríos limitarán sus caudales por decisión humana. Tampoco el mar detendrá sus olas, ni el viento sus remolinos ante nuestra voluntad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2018) define un desastre como un evento imprevisto que implica un riesgo considerable e inmediato para la salud pública, o cualquier situación que comprometa la vida o el bienestar de un gran número de personas y que requiere una acción urgente.

Por otro lado, el trauma de origen humano no se encuentra determinado por las contingencias naturales, sino que implica, en muchos casos, una clara intencionalidad por parte del agresor. Esta característica lo hace especialmente complejo, sobre todo cuando existe un vínculo afectivo entre la víctima y el perpetrador. En este contexto, Sandín (2008) sostiene que los traumas causados de forma deliberada por otros seres humanos suelen generar consecuencias psicológicas más profundas y duraderas que aquellos provocados por desastres naturales o accidentes. Precisamente de allí emana su complejidad.

El simple hecho de que el daño haya sido intencional, y perpetrado por alguien de nuestra misma especie, ya resulta devastador. En estos casos, es común que la persona afectada experimente una serie de pensamientos autorreferenciales que refuerzan el sufrimiento: ¿Qué hice para merecer esto? ¿Por qué no pude evitarlo? ¿Por qué no huí cuando tuve la oportunidad? ¿Por qué lo permití? ¿Por qué yo? ¿Por qué nadie me ayudó? ¿Y si me juzgan o critican? ¿Por qué me siento tan rota/o? Estas interrogantes surgen desde emociones profundas como la culpa, la vergüenza, la desesperanza y una autovaloración negativa (Lecannelier et al., 2021), configurando así el núcleo emocional del trauma complejo.

Un ejemplo representativo del trauma complejo puede observarse en la película Precious, dirigida por Lee Daniels (2009), donde se retrata la vida de Claireece "Precious" Jones, una adolescente que experimenta constantes abusos físicos y psicológicos por parte de su madre, así como abuso sexual por parte de su padre, lo cual deriva en dos embarazos, la responsabilidad de criar a sus hijos y un diagnóstico de VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana). Estas vivencias traumáticas, repetidas y prolongadas en el tiempo, la llevan a desarrollar mecanismos de disociación como una forma de escape y supervivencia ante el sufrimiento.

Este tipo de trauma, sostenido desde la infancia, había deteriorado profundamente su autovaloración y la mantenía aferrada a una fantasía de una vida mejor, aunque inalcanzable. En consonancia con este fenómeno, Castro-Fernández et al. (2015) realizaron un estudio para analizar el vínculo entre trauma, disociación y síntomas psicóticos positivos. Los hallazgos revelaron que quienes presentaban alucinaciones y delirios habían atravesado un mayor número de experiencias traumáticas en la infancia, aunque no necesariamente en la adultez. Además, estas personas mostraban niveles significativamente más altos de disociación en comparación con quienes no presentaban dichos síntomas.

Desde esta perspectiva, resulta comprensible que Precious recurriera a la disociación como un recurso psicológico cada vez que era agredida por su padre o maltratada verbal y físicamente por su madre.

Lieberman y Van Horn (2008) plantean que las experiencias adversas en la primera infancia pueden afectar la construcción de un apego seguro con los cuidadores, lo que conlleva problemas en la regulación emocional, el comportamiento y el desarrollo integral. Por ello, subrayan la relevancia de promover el fortalecimiento del vínculo entre el niño y sus figuras principales de cuidado.

Por otra parte, es innegable que la Segunda Guerra Mundial estuvo marcada por eventos extremadamente violentos, entre ellos el Holocausto, uno de los más impactantes. Según la revista Amnistía Internacional (2025), las cámaras de gas y los hornos crematorios llegaron a asesinar hasta 5,000 personas por día. De acuerdo con la Claims Conference (2024), aún sobreviven aproximadamente 245,000 víctimas del Holocausto en más de 90 países, muchas de ellas con secuelas persistentes derivadas de lo vivido.

Tras el fin de la guerra y la liberación de los campos de concentración, muchas personas quedaron profundamente traumatizadas. No solo los prisioneros, sino también los soldados, arrastraron las huellas psíquicas de las atrocidades presenciadas. Hoy, aunque no se ha declarado una tercera guerra mundial, muchos niños viven lo que podría considerarse un “campo de concentración” dentro de sus propios hogares, atrapados en entornos de violencia doméstica. Esta comparación es estremecedora.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2024) advierte que cerca de seis de cada diez niños menores de cinco años —es decir, alrededor de 400 millones— sufren castigos físicos o violencia psicológica por parte de sus cuidadores. Además, se estima que una de cada cinco mujeres y uno de cada siete varones fueron víctimas de abuso sexual durante su infancia.

Diversas investigaciones contemporáneas destacan la importancia de intervenir considerando el impacto del trauma en la dinámica familiar, al mismo tiempo que señalan la necesidad de fortalecer en los adultos la capacidad de brindar a los niños un entorno seguro y estable (Lieberman et al., 2011).

En particular, Herman (2015) señala que el trauma complejo se manifiesta a través de alteraciones profundas en la gestión afectiva, así como en la conciencia, la percepción corporal, las relaciones interpersonales y la construcción del sentido de vida. En esa misma línea, la Clasificación Internacional de Enfermedades en su 11.ª edición (CIE-11, 2022) reconoce oficialmente el Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C) como un diagnóstico clínico. Esta condición se desarrolla como consecuencia de una exposición prolongada a situaciones extremadamente amenazantes o ineludibles, tales como el abuso infantil crónico o la violencia doméstica continua (OMS, 2022).

Conclusión:

En ese sentido, resulta fundamental reconocer la relevancia del Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C), ya que representa uno de los trastornos más significativos asociados al trauma prolongado y relacional. A pesar de su impacto en el desarrollo emocional, cognitivo y social de quienes lo padecen, este diagnóstico suele ser subestimado o incluso ignorado en diversos contextos de atención en salud mental (López-Soler, 2008; Lecannelier et al., 2021). Comprender en profundidad el trauma complejo no solo permite dimensionar las secuelas del abuso y la negligencia sostenida, sino que también plantea la urgencia de abordajes terapéuticos sensibles, integrales y sostenidos en el tiempo. Visibilizar las heridas invisibles que deja este tipo de trauma es abrir camino hacia la validación del sufrimiento y la posibilidad de una reconstrucción psíquica más compasiva y digna. La atención al TEPT-C implica, por tanto, una responsabilidad no solo profesional, sino profundamente humana.

 

Referencias:

1. Amnistía Internacional. (2025, 27 de enero). El Holocausto de Auschwitz: el predecesor de los derechos humanos. https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/el-horror-de-auschwitz-y-la-declaracion-universal-de-los-derechos-humanos/

2. Castro-Fernández, M. D. P., Perona-Garcelán, S., Senín-Calderón, C., & Rodríguez-Testal, J. F. (2015). Relación entre trauma, disociación y síntomas psicóticos positivos. Acción Psicológica, 12(2), 95–107. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=344043462007

3. Daniels, L. (Director). (2009). Precious: Based on the novel “Push” by Sapphire [Película]. Lionsgate.

4. Herman, J. (2015). Trauma and recovery: The aftermath of violence—from domestic abuse to political terror. Basic Books/Hachette Book Group.

5. Lecannelier, F., Guajardo, H., Kushner, D., Barrientos, C., & Monje, G. (2021). La complejidad del trauma complejo del desarrollo: Una propuesta del modelo de apego y complejidad (MAC). Revista de Psicoterapia, 32(120), 105–124. https://doi.org/10.33898/rdp.v32i120.463

6. Lieberman A., Chu, A., Van Horn, P., & Harris, W. (2011). Trauma in early childhood: Empirical evidence and clinical implications. Development & Psychopathology, 23(2), 397-410. https://doi.org/10.1017/S0954579411000137

7. Lieberman, A., & Van Horn, P. (2008). Psychotherapy with infants and young children: Repairing the effects of stress and trauma on early attachment. The Guilford Press.

8. López-Soler, C. (2008). Las reacciones postraumáticas en la infancia y adolescencia maltratada: El trauma complejo. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 13(3), 159–174. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2913101

9. Organización Mundial de la Salud. (2022). Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-11. https://icd.who.int/es

10. Organización Mundial de la Salud. (2024). Maltrato infantil. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/child-maltreatment

11. Organización Panamericana de la Salud. (1982). Control de vectores con posterioridad a los desastres naturales (Publicación Científica 419).

12. Organización Panamericana de la Salud. (2018). Control de vectores en situaciones de desastre. https://www.paho.org/es/emergencias-salud/control-vectores-situaciones-desastre

13. Sandín, B. (Ed.). (2008). El estrés psicosocial: Conceptos y consecuencias clínicas (2.ª ed.). Klinik. 

domingo, 16 de febrero de 2025

ACT: Contextualismo Funcional y Teoría de los Marcos Relacionales (una breve introducción). El caso de dos categorías transdiagnósticas

 

 Por: Diana Yasmin Llamocca Ciriaco.

 

Como se había mencionado anteriormente, la ACT asienta sus fundamentos teóricos en el contextualismo funcional, de esta manera se basa en una filosofía pragmática, considerándose como “verdadero” aquello que funciona y desechando verdades absolutas (Hayes, 1993; Hayes et al., 2014; Pérez, 2014). Es preciso señalar que el término “contextualismo” fue acuñado por el filósofo norteamericano Stephen Pepper (1942) en su libro titulado “World hypotheses: A study in evidence” mediante el cual resume y explica cuatro importantes hipótesis globales del siglo XX: formismo, mecanicismo, organicismo y contextualismo.

Ahora bien, la metáfora raíz del contextualismo es el evento histórico, no obstante, para el contextualista un evento histórico no significa un evento pasado que está olvidado y debe ser resucitado (algo que generalmente se hace a la hora de representar eventos históricos). Por el contrario, el verídico evento histórico es aquel evento actual (presente) dinámico, dramático y activo. Por ende, se le puede llamar “acto” (act) a dicho evento, teniendo en cuenta que no es un acto concebido en sí mismo o aislado; por el contrario, es un acto dentro de un contexto. En otras palabras, el contextualismo se afianza en el evento presente cambiante (Pepper, 1942; Maero, 2022).

De acuerdo a Harris (2009) el contextualismo tiene un enfoque holístico porque tiene como punto primordial la totalidad del acontecimiento. En vista de ello, la naturaleza del acto se va a definir por sus pretendidas consecuencias, es decir, por lo que se busca con la conducta ejercida en el medio. Aunque, sin un objetivo expuesto previamente, ningún comportamiento modelado por consecuencias sería efectivo (Hayes, 1993).

Según Hayes et al. (2014): “En el contextualismo funcional los acontecimientos psicológicos son considerados como interacciones de organismos completos en un contexto histórico y situacional” (p. 56). Siendo “la acción en un contexto”, una unidad organizadora en la Ciencia Conductual Contextual. Es determinable que conducta y contexto se definan recíprocamente, cada uno en función del otro.

Por otra parte, el contextualismo funcional tiene como objetivo fundamental no sólo predecir y explicar el comportamiento, sino también en influenciar y cambiar las conductas (Maero, 2022). Por dicha razón, la ACT asienta sus bases en el contextualismo funcional, porque centra al cliente en las consecuencias de su acción, tratando de valorar y resaltar la globalidad que supone dentro de su contexto. En ese sentido, los terapeutas ACT buscan influir en los propósitos que cada cliente tiene en su vida, y cómo estos propósitos están repercutiendo en su mundo de la experiencia directa y en su mundo interno (lenguaje humano). En resumen, la palabra “contexto” trasciende a ser un término funcional, que incluye la historia como las situaciones que tienen relación con la conducta (Hayes et al., 2014).

 

Teoría de los marcos relacionales

La Teoría de los Marcos Relacionales es una teoría contextual funcional del lenguaje y la cognición humana, posicionándose como un área crucial para investigaciones del comportamiento humano. La TMR persigue brindar una explicación con sustento científico que ayude a entender por qué algunas especies evolucionaron más que otras, tratando de comprender las raíces de los logros y del sufrimiento humano (Hayes et al. 2001; Hayes et al. 2014).

La TMR es el resultado de una ardua investigación experimental, enfocado a la fundamentación y desarrollo de la ACT, de esta manera se centra en la capacidad humana para crear relaciones entre eventos y emanar funciones nuevas, que no han sido enseñadas ni reforzadas previamente (Pérez, 2014). Así, estudia empíricamente los procesos de desarrollo acerca del lenguaje y la cognición, tales relaciones pueden ser de tipo “diferente” (un celular es diferente a un armario), igual (una manzana es igual a una pera, en que ambas son frutas y se pueden comer), opuesto (grande es lo opuesto de pequeño, triste es lo opuesto de estar feliz), comparación (julio es menos alto que Marcos), pertenencia (las rodillas son de las piernas) o la toma de posición en la base del yo (yo estudié Geometría y tú estudias Computación; yo estoy en Lima y tú estás en Ayacucho).

Dentro de la gran cantidad de relaciones establecidas, la TMR ha estudiado especialmente los marcos relacionales consistentes en la vinculación mutua, vinculación combinatoria y transformación de funciones. Por un lado, la vinculación mutua contiene una relación bidireccional entre dos eventos; de la relación en una dirección (un billete de cincuenta dólares es mayor que un billete de cinco dólares) proviene una segunda relación en otra dirección (un billete de cinco dólares es menor que un billete de cincuenta dólares). La vinculación combinatoria supone una relación transitiva en la que dos relaciones se pueden combinar para dar una tercera; si Marcela está en cuarto semestre, julio dos semestres menores que Marcela y Pedro un semestre mayor que julio, entonces Marcela está un semestre más adelante que julio. Lo resaltante de estas relaciones es que constituyen procesos no enseñados que no han sido reforzados. Por último, la transformación de funciones se refiere a cambios en las funciones de estímulos por formar parte de un marco en el que están relacionados con un tercero.

En concreto, la RFT no ha descubierto algo novedoso, pero ha demostrado cómo se presentan estos marcos relacionales en la vida diaria de todo ser humano. La RFT no separa los procesos internos (pensar, sentir, imaginar, etc.), ya que al igual que la conducta observable, considera los eventos privados como conducta, por tanto, rechaza que el mundo mental sea una causa de la conducta externa. En suma, la RFT implica una nueva concepción de la psicopatología, adquiriendo un enfoque transdiagnóstico y promoviendo la flexibilidad psicológica (Clavijo, 2004).

 

Evitación experiencial y fusión cognitiva: Categorías transdiagnósticas en el ACT

 

Desde tiempos primitivos el hombre ha intentado entender por qué es vulnerable a padecer enfermedades mentales; grandes e imponentes culturas del mundo trataban de dar una explicación haciendo referencia a los dioses, a las fuerzas sobrenaturales o a los demonios (Salaverry, 2012). En la actualidad, gracias al avance de la ciencia psicológica, se han abierto nuevas posibilidades que darían una respuesta al sufrimiento humano, y, por ende, una nueva perspectiva para entender, por qué surgen y se mantienen, en la persona, muchos de los trastornos registrados en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) y en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM) (Peréz, 2014).

Hace unas décadas, surgió una nueva ola de terapias, denominadas contextuales y de tercera generación, que prosiguen a las terapias de primera y segunda generación (Peréz, 2014). Dentro de las terapias contextuales tenemos las siguientes; Activación conductual (AC), Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), Terapia Dialéctico Conductual (DBT), Psicoterapia Analítica Funcional (FAP), entre otros. Lo expuesto, hace evidente la evolución que han tenido las terapias cognitivo conductuales en los últimos tiempos, asimismo, refleja la preocupación científica por buscar nuevas formas de tratamiento que sean más eficaces para la humanidad (Álvarez, 2019).

De acuerdo a Harris (2009) la ACT está fundamentada en el análisis del comportamiento aplicado (ABA) y en la teoría del marco relacional (TMR), que engloba el comportamiento del lenguaje humano, tanto como, la cognición. Además, trabaja bajo una filosofía denominada contextualismo funcional (CF). Esta terapia explica el sufrimiento humano mediante dos procesos normales (procesos cognitivos) de la mente humana normal: la fusión cognitiva (FC) y la evitación experiencial (EE) (Hayes, 2014).

Es necesario resaltar que tanto la FC y la EE dan lugar y están implicados en los procesos de inflexibilidad psicológica (psicopatológicos), los cuales son seis: fusión cognitiva, evitación experiencial, pérdida de contacto flexible con el presente, apego al yo conceptualizado, falta de claridad con los valores y acción disfuncional, dichos procesos se encuentran interconectados y tienen su base en la TMR (Pérez, 2014). No obstante, ACT ofrece una concepción de psicopatología alternativa a los sistemas nosológicos (DSM - CIE), de forma más específica, se desenvuelve bajo un modelo transdiagnóstico, que involucra una nueva concepción a los cuidados de salud mental (González et al., 2018).

En sus inicios ACT centra su planteamiento en torno a la formulación de casos; los problemas de las personas giraban sobre una clasificación funcional que se denominó trastorno de evitación experiencial (TEE) o evitación experiencial destructiva (EED), el cual se definió como una manera de actuar adherido al seguimiento de reglas; no estar en contacto con experiencias privadas aversivas o desagradables (pensamientos, emociones, sensaciones, recuerdos, etc). Por consiguiente, las personas que evitaban estos sucesos, a menudo, a largo plazo terminaban con un nivel elevado de insatisfacción personal, dado que sus conductas estaban guiadas por el seguimiento generalizado de reglas (Clavijo, 2004). Se encontró que el TEE era un elemento común en diversos trastornos según los criterios taxonómicos de la CIE o del DSM. En ese sentido, los trastornos de ansiedad, la preocupación excesiva, la depresión, el desempeño laboral deficiente, el abuso de sustancias, la esquizofrenia, las conductas sexuales de alto riesgo, el trastorno límite de la personalidad, el estrés postraumático, entre otros, estarían altamente asociados con la evitación experiencial (Hayes et al., 1996; Boulanger et al., 2010; Harris, 2009; Luciano et al., 2016).

Por su parte, la fusión cognitiva (FC) cumple un concepto base dentro de la ACT, ya que se pueden analizar los problemas psicológicos con el seguimiento inflexible de reglas verbales (Hayes et al., 2011). Desde un punto conductual-contextual, los pensamientos no son causas de la conducta, porque también son conductas que exigen una explicación, por ello los analistas buscan exponerla en términos de contingencias ambientales (Freixa, 2003). De acuerdo a Hayes et al. (2014) la FC “consiste en mezclar los procesos verbales cognitivos con la experiencia directa, de manera que el individuo no puede diferenciar entre ambos” (p. 358). Agregado a ello, la FC suele darse en un contexto de “literalidad”, mediante el cual la persona responde a un evento privado de igual forma que lo haría frente a referentes de estos enunciados (Hayes & Wilson, 1995).

Considerando que la evitación experiencial es uno de los factores más importantes en la Psicopatología, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2022) sostiene que un problema de salud mental se distingue por una alteración significativa de la cognición, la regulación de las emociones y de la conducta, provocando afectación en otras áreas importantes del individuo. Por otro lado, la OMS (2022) afirma que existe un conjunto de factores individuales (psicológicos y biológicos), sociales, comunitarios, culturales, familiares y estructurales que podrían ser protectores para la persona, o, por el contrario, representar un riesgo en la adquisición de conductas desadaptativas. Por ello, quienes se encuentren expuestos a situaciones más adversas como la pobreza, la desigualdad, la violencia y la discapacidad representan un mayor peligro (OMS, 2008). Los datos indican que los trastornos psíquicos, neurológicos y por el consumo de sustancias psicoactivas representan el 10% de la carga mundial de morbimortalidad y el 30% de las enfermedades no mortales, de igual importancia, las personas con trastornos psicológicos severos fallecen de 10 a 20 años antes que la población global (OMS, 2022). A su vez, Steel (2014) señala que las cifras de prevalencia de los trastornos mentales continúan aumentando, causando costes económicos en Europa y América.

En cuanto a la fusión cognitiva (FC) se conceptualiza como el acto de creer el contenido literal del lenguaje humano privado (pensamientos, creencias, sentimientos, reglas verbales, etc.) omitiendo las contingencias del entorno, es decir, la persona que está en este estado se encuentra unida a sus pensamientos y es posible que no sea consciente de aquello que está pensando, en ese sentido, la fusión cognitiva significa que los pensamientos dominan el comportamiento. La literalización de los pensamientos origina que no se pueda estar en el presente, puesto que, la capacidad simbólica del lenguaje humano, atraerá experiencias del pasado o propulsiones futuras (Harris, 2009; Hayes et al., 2011; Ramos et al., 2018). Estudios empíricos demuestran que la fusión cognitiva está relacionada a la ansiedad y a la depresión, asimismo, se ha encontrado que la FC se asocia con la rumiación y la culpa (Herzberg et al., 2012; Dinis et al., 2015; Bardeen et al., 2016). Concretado por la OMS (2022), en el año 2019 una de cada ocho personas en el mundo padecía un trastorno mental, entre ellos los más frecuentes eran los trastornos depresivos y la ansiedad, que fueron más prominentes en el 2020 a raíz del confinamiento por covid-19. Específicamente, en el año 2019, 301 millones de personas sufrían un trastorno de ansiedad, y 280 millones de personas padecían depresión.

De igual importancia, en cuanto a la evitación experiencial, en el continente americano la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2009) puntualiza que los trastornos mentales representan el 22.4% del tributo total de enfermedades, además son una parte robusta de la morbilidad que se atiende en los centros de atención primaria. Así bien, en muchos países de América el presupuesto destinado a la salud mental aún no supera el 1% del presupuesto general de salud, ello evidencia una carencia en cuanto a la atención descentralizada en la comunidad. En la misma línea, Kohn et al. (2005) sostienen que la brecha de atención de los trastornos mentales en América Latina y el Caribe es grave, puesto que, del número total de adultos diagnosticados con enfermedades mentales, tales como; depresión mayor (58.9%), ansiedad generalizada (63.1%), trastorno de pánico (52.9%), trastorno obsesivo-compulsivo (59.9%) y trastorno por consumo de alcohol (71.4%) no recibieron el tratamiento oportuno cuando lo necesitaban. De manera similar, León (2021) señala que cerca de 16 millones de jóvenes en América Latina y el Caribe sufren algún trastorno mental diagnosticado. No obstante, el Caribe mantiene una media más alta, sobre el 15% y 18% que el resto de regiones del continente.

Con respecto a la fusión cognitiva (haciendo alusión a la depresión y a la ansiedad debido a la asociación entre dichos trastornos con la FC), a nivel latinoamericano; según la investigación realizada por Kohn et al. (2005) se estima que en el Municipio de Bambuí en Brasil 5.1% de la población masculina y 10.2% de la población femenina padece depresión mayor. Mientras que en Santiago de Chile la tasa de prevalencia es de 2.7% en hombres y 8.0% en mujeres. Al mismo tiempo, en Colombia la prevalencia de depresión mayor es de 5.3% en hombres y 10.2% en mujeres. Por otro lado, en la ciudad de Sao Paulo la tasa de prevalencia del trastorno de ansiedad generalizada es de 0.7% en hombres y 1.1% en mujeres. Mientras tanto, en Santiago de Chile, la prevalencia de este trastorno es de 3.2% en hombres y 6.9% en mujeres. Naturalmente, es evidente que el trastorno por depresión mayor y el trastorno por ansiedad generalizada es más común en personas del sexo femenino. De manera similar, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, 2020) realizó un sondeo para analizar el efecto del covid-19 en la salud mental de los adolescentes y jóvenes de América Latina y el Caribe, se encontró que 27% de los jóvenes reportan un mayor porcentaje de ansiedad y 15% depresión. Asimismo, se detectó que 43% de mujeres y 31% de hombres se sienten pesimistas frente al futuro.

A nivel nacional, con relación a la EE y FC, el Ministerio de Salud (MINSA, 2021) asegura que en la región costeña peruana ha recibido más de 156 mil casos de ansiedad, 77 mil casos de depresión y 18 mil casos de consumo de sustancias psicóticas y alcohol. En contraste, el Instituto Nacional de Salud Mental (INSM, 2021) afirmó que, en la sierra peruana, dado que la incidencia por abuso de alcohol es alta, la prevalencia de vida de la población rural es de 28.1%, a su vez, la prevalencia de vida por depresión moderada o severa es de 14.6%. De igual forma, la prevalencia de trastornos mentales en Puerto Maldonado es de 25.4%, en Iquitos es del 24.4%, en Tumbes del 23.8%, y en Pucallpa del 21.9%.

A nivel regional, según datos estadísticos del MINSA (2021) una de cada 8 personas (11.8%) en Lima ha padecido un trastorno mental en el 2020. Debido al covid-19, la tasa de ansiedad también se elevó en las personas adultas; 5% en hombres y 8% en mujeres. Remarcando, se encontró que en el 2018 el MINSA reportó un total de 1384 intentos de suicidio, los resultados indicaron que las principales causas fueron la violencia intrafamiliar, los problemas de salud mental (Depresión, Ansiedad, Trastorno Límite de la personalidad, entre otros) y problemas económicos.

Por todo esto, en el Perú, es necesario abordar estudios teóricos o experimentales que profundicen en estas variables transdiagnósticas, con el fin de impulsar la investigación psicológica con un enfoque conductual contextual.

 

Referencias bibliográficas:

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Boulanger, J., Hayes, S. & Pistorello, J. (2010). Experiential avoidance as a functional contextual concept. Emotions Regulation and Psychopathology, 21(1), 107- 134. https://psycnet.apa.org/record/2009-21674-005

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martes, 4 de febrero de 2025

Homenaje a Rubén Ardila

Por Gian del Río de Liceo contextual.

 

El martes 14 de enero del 2025 se supo de la noticia del fallecimiento de Rubén Ardila: Doctor en psicología, analista de conducta, el cual contribuyo con artículos, libros e investigación experimental sobre el comportamiento animal y humano. Desde la institución Liceo-Contextual queremos hacer un resumen sobre algunos aportes conceptuales, experimentales y teóricos que nos han permitido introducirnos a la psicología Científica. El Dr. Ardila nació un martes 7 de Julio de 1942, en medio del conflicto de la segunda guerra mundial.  Dentro de su vida, sus primeras lecturas fueron autores como; “Guillermo Valencia”, “Julio Verne” “Homero” “Shakespeare”, etc. De esta manera, se generó un conocimiento general de la importancia de ser una persona que busca constantemente la cultura. Como él mismo menciona en su autobiografía: “Me dediqué a buscar en biblioteca de la ciudad estos libros y en muchos casos a comprar los que se encontraban en librerías” (2012, p. 27). Su primer encuentro con literatura cercana a la ciencia fue con Charles Darwin, “El origen de las especies” donde se refutó las creencias religiosas de su tiempo. Gracias a la influencia de estos autores, en 1960 inició su primer año en psicología en la Universidad Nacional de Colombia.

En aquella época dicha casa universitaria tenía una malla curricular con orientación psicoanalítica. Como se mencionó anteriormente, el Dr. Ardila ya tenía influencias cercanas a la ciencia y por ende se dedicó a cuestionar dicha tradición por sus influencias, sin embargo, mostró una aptitud crítica basada en la propia lectura que tuvo de otros autores como; “Erich Fromm”, “Adler”, “Jung” y neo-freudianos. A causa de este constante conflicto, escribió una obra literaria llamada: “Cuando agonizan todos los dioses”, el cual cuenta la historia de un joven biólogo que lucha por elegir entre el amor, la ciencia, y se decide al final por la segunda opción.  Defendió su tesis titulada: “La profesión de la Psicología” (1964), en la cual investigó cómo se encontraba el status de la profesión psicológica en el mundo. Empezó su carrera universitaria dictando cursos de psicometría y pudo tener la oportunidad de viajar a Europa donde obtuvo mayor influencia sobre esa psicología que intentaba ser ciencia. Es así que en 1966 tuvo acceso al primer libro sobre aprendizaje de Hilgard. Ese mismo año ingresó a la Universidad de Nebraska en Lincoln, para obtener un Post-Grado de psicología experimental.

Dentro del periodo de estancia post-doctoral fue que tuvo el primer encuentro con la obra de Skinner, empezó su análisis sobre dicha teoría con el libro “Ciencia y conducta humana”, también, pudo escribir un artículo titulado: “Behaviorismo; hacia una psicología científica (1965). Al concluir su doctorado, en 1971, ocupó el cargo de director del departamento de psicología de la Universidad Nacional de Colombia, mientras daba clases en la Universidad de Bogotá. Asimismo, contribuyó a la Revista Latinoamericana de Psicología y publico el libro “Psicología Fisiológica”.

Posteriormente, se convenció de la necesidad de una psicología científica gracias a las actividades que se dieron por parte de la Sociedad Interamericana de Psicología (SIP). En este periodo académico escribió libros tales como; “Psicología Experimental. Manual de laboratorio” (1971), “Los pioneros de la psicología” (1971) y “Psicología Contemporánea. Panorama Internacional” (1972).  Años después también publicó “Psychology in Latin America. A bibliography” (Ardila y Finley, 1975).

En nuestro medio peruano reconoció la importancia de Reynaldo Alarcón y otros autores latinoamericanos para poder consolidar una comunidad científica.  Para culminar esta sección, se menciona que en 1973 visitó la Universidad de Harvard donde conoció a Skinner y tuvo una amistad hasta el día de su muerte en 1990.

El Dr. Ruben Ardila contribuyó con la búsqueda del significado del aprendizaje y la recopilación de las teorías conductuales que intentaban explicar los principios del condicionamiento. Su obra “Psicología del aprendizaje”, es un manual en el cual se puede observar distintas tópicas conductuales y experimentos para poder explicar la conducta. En 1988 publicó “Filosofía de la psicología”, contribuyendo con el Filósofo Mario Bunge acerca del estado filosófico de distintas ópticas en la psicología.

Preocupado por los conflictos constantes entre orientaciones psicológicas. Intentó proponer una unificación de varios puntos en común (sobre todo del análisis conductual) el cual tenía varias disputas por la Hegemonía Paradigmática propuesta por Thomas Kuhn. En 1990 propone las ventajas de una síntesis del comportamiento experimental. Las cuales son:

1) Explicación del comportamiento.

2) El método experimental.

3) Énfasis en el aprendizaje

4) Énfasis en el ambiente

5) La tecnología comportamental.

En este libro de 1988, dio sugerencias de lo que faltaba por hacer para la búsqueda de este anhelo.

También se interesó por temas tales como: “Homosexualidad y Psicología” (2008). “El Mundo de la psicología” (2011), y en el 2025 se publicaría: “The Future Of Psychology. Some of the Most Distinguished Psychologists of the World Reflect About the Future of their Discipline” (2025) por la editorial Springer.

Rubén Ardila visitó la Universidad Mayor de San Marcos (2015), gracias a la organización de una conferencia para resolver los mitos y verdades sobre el pensamiento skinneriano. En dicha ocasión, varios miembros de Liceo-Contextual pudimos escuchar y hablar con el autor acerca de su visión del paradigma conductual.

Existe una inmensa cantidad de libros y artículos que ha publicado.

Este breve repaso por su obra, se constituye un homenaje, líneas sentidas a un investigador que dedicó toda su vida a la psicología.

Su aptitud critica, su superación de una forma de ver nuestra disciplina hacia la ciencia, es una enseñanza para las futuras generaciones que estén interesadas por el comportamiento animal y humano y sus principios.

Descansa en Paz Rubén Ardila.

 

 

 

Referencias

Ardila, Rubén (1970). Psicología del Aprendizaje. Editorial Inca Garcilaso de la Vega.

Ardila, Rubén ( 1971). Psicología Fisiológica. Editorial Trillas. Segunda Edición.

Ardila, Rubén (2012). Autobiografía. Un punto en el tiempo y en el espacio. Manual Moderno.

Ardila, Rubén (2011). El mundo de la psicología. Manual Moderno.

Ardila, Rubén (2008). Homosexualidad y Psicología. Manual Moderno. Segunda Edición.

Ardila, Rubén (1990). ¿Qué es la síntesis experimental del comportamiento?. Anuarios de psicología, 45, 101-107.